Los instantes que vivimos

        Da igual el día, cada uno que pasa delata cosas que puntualmente van ocurriendo y que ahora me llevan a la reflexión. Algunos acontecimientos los prevemos, esperamos con impaciencia a que ocurran y, en su gran mayoría, delatan algo agradable que está por suceder. Cuando llega es como ver cumplido un deseo, el regocijo de ver satisfecha una ilusión, y por mucho que deseáramos detener el tiempo termina y se suceden otros episodios de la vida.

          Lo previsible a veces no es tan bueno y el momento de acaecer lo esperado supone dolor. Tanto como que parece que, en estos casos, el tiempo se detiene aunque realmente no sea así sino tan sólo el deseo que pase hace que se ralentice la sucesión temporal que, como es obvio, no experimenta variación porque el reloj de la vida se mantiene impasible al transcurso de la misma.

         Pero la reflexión que hago es, si acaso, más profunda. Supone que repare en la vida misma, en lo que experimentamos en cada momento. Tan placenteros afrontamos los días que parece que lo tenemos todo resuelto y previsto. Eso sí, somos conscientes de que ocurren incidentes que cambian los pronósticos. Pero, claro, eso ocurre a los demás. Nosotros no consideramos –o no queremos afrontar- el hecho de que en esa porción brevísima de tiempo que es un instante todo puede cambiar, variar el estado en el que nos podemos encontrar, y además esos acontecimientos son irreversibles de modo que modifican todo lo previsto de antemano. No podemos preverlos ni tampoco evitarlos. Porque somos viajeros en el tiempo.

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          ¿Acaso ese día 15 de enero de 2009 habían previsto los 150 viajeros que montaron en un avión en Nueva York que cuando despegaran iban a recibir un aviso de que había surgido un problema y se “prepararan para el impacto”, con la decisión –instantánea- del piloto de llevar el avión a surcar el río Hudson como si fuera un carril de aterrizaje? Y, en esa rápida situación, ¿podrían aventurar los afectados que salvarían la vida por la nada fácil y afortunada obra del piloto? Un instante que podría haber afectado muy negativamente a unas cuantas familias pero que al final se queda en anécdota; a buen seguro tuvo la influencia para cambiar de por vida la mente de todos ellos.

      Un instante es el que lleva a muchas personas a cambiar el rumbo de sus vidas, por ese fatídico diagnóstico médico que le lleva a él, un familiar o amigo a un incierto futuro. Tantas y tantas sacudidas de la vida, en tristes instantes, que cambian el rumbo de lo que nos gustaría realmente vivir. Los golpes que, aún superándose, dejan mella irreversible.

     Nadie planea su fracaso, su tristeza, las enfermedades, las injusticias, los divorcios, estar sin empleo. Pero sin embargo son acontecimientos que suceden. Los fracasos y decepciones acaecen, la mar de las veces, de forma imprevisible, sin esperar que pudieran llegar. Un brusco giro de la vida que lleva a que todo cambie.

       Y qué decir de la diosa fortuna. Un accidente no esperado puede pasar como una mala pesadilla o truncar de raíz la felicidad que se tenía. Personas que viviendo en permanente peligro no sucumbían de lo que podía ser previsible y… cuando la vida se desenvuelve en lo que parece ser la más absoluta normalidad, ocurre un hecho que la cambia. Deportistas de élite como Schumacher y Nieto han supuesto en tiempos recientes las dos caras amargas del accidente que les llevó al traumatismo craneal. El piloto de coches sufrió el accidente esquiando y su recuperación ha sido muy parcial en lo poco que podemos conocer de la vida que lleva que, bien parece, no es lo placentera que pudiéramos desear; el 12+1, campeón del mundo de motociclismo falleció tras salir disparado de un quad por el golpe sufrido por otro vehículo. No son los únicos, muchos casos como este acaecen a diario, como eventuales secuencias de la película que toca vivir a cada persona, por aquello de que somos como huellas en la arena que desaparecen al momento con las olas que sacuden en cada instante.

       Llega la pregunta que todos nos hacemos en situaciones como este –nosotros o los familiares o amigos cercanos: ¿por qué a él? ¿por qué a mí? Sencillamente porque así es la vida. A unos le toca el premio gordo de la lotería y a otros la pedrea, y los demás sobreviven al instante, a este instante, pero el bombo sigue girando y sacando nuevos números. Porque las embestidas de la vida sacuden a todos. Transitamos por un puente que no tiene un recorrido indefinido.

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       Si se tienen creencias religiosas, los infortunios llevan a la desilusión, porque aunque sabes que Dios está contigo a veces te ves completamente solo. Afrontas una situación en la que parece que el mundo te aisla o pretende erradicarte de él. Claro porque tú eres único e irrepetible.

     Todo viene a colación porque sencillamente vivo en este mundo y percibo estas situaciones. El mundo que soñamos es un ideal que poco a poco va desmoronándose, como un castillo de arena, por los acontecimientos de la vida real, la que no se suele contar o esperar por la dureza que representa.

      ¡Vive la vida!¡No pierdas un instante! Frases hechas que resultan bonitas y pretenden ayudar a prepararse para lo que puede venir sencillamente con vivir el ahora, pero este momento es también un instante. Saborearlo es un claro intento de ser realista pero ocurre que el ser humano, cuando todo va bien, no se percata ni disfruta pensando en que mañana puede estar mal. Sencillamente actúa creyendo que el ahora será el siempre. Sólo cuando llega el momento aparece la reacción: tenía que haber hecho esto o lo otro, haber aprovechado más el tiempo, haber querido más, …pero ya no hay vuelta atrás. Ocurre así porque la vida tiene sus luces y sombras, y por eso mejor ser consciente de ello para tratar de que el ahora no pase desapercibido. No se trata de enfundarnos con el velo de la gloria para vivir revolucionado, sin seguir las pautas de lo que debe considerarse una normalidad. Como se decía en la Antigua Roma, Respice post te! Hominem te esse memento! [ “¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre” (y no un dios)]. La victoria –la plenitud de lo bueno- es efímera, conviene que nos movamos saboreándolo pero con la modestia de ser y saber que somos transeúntes.

“Esta vida es una pista deslizante como el hielo,
Así que cuida tu velocidad…
Deberás abrir los ojos para estar siempre despierto
Ante lo que te pueda pasar…

Porque la vida son instantes,
Que se cruzan en el tiempo,
La locura mas brillante puede estar ocurriendo,
Porque dándole la vuelta al peor de los momentos
Abriremos nuevas puertas que nos lleven hasta el cielo…”

“Instantes” de Alex Ubago

 

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