El Sur de Extremadura: la mina de La Jayona

           En pleno corazón de la Sierra de La Jayona, a 769 metros de altitud y con una extensión de 80 hectáreas, y a 4,5 kilómetros de la población extremeña de Fuente del Arco, encontramos otro aliciente turístico que consiste en visitar una vieja mina abandonada, de pleno auge a principios del siglo XX, y que ahora, con su recuperación ambiental se ha generado un hábitat especial con gran interés geo-ecológico y de gran belleza.

        El topónimo de la serranía en la que se encuentra la mina, Jayona, tiene un posible origen árabe (proveniente de “aiun”, que significa pozo, manantial, fuente), una serranía transitada por milicias romanas, luego por berebere y más tarde por caballeros cristianos que lucharon por estos parajes.

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           No siempre se encuentra una oportunidad de acudir a conocer un paraje como éste, sobre todo por el hecho de que la explotada en su momento como mina está preparada ahora para recibir visitas, declarada Monumento Natural en el año 1997, con el posible precedente de que tuviera sus inicios en época romana, aunque la explotación conocida con detalle comienza en 1900 y se prolonga hasta 1921, en que como consecuencia de la menor demanda del mineral y de las revueltas sociales de la época, la explotación fue finalmente abandonada, quedando el hueco actual. Una historia corta pero intensa pues estuvo marcada por la necesidad de obtener beneficios suficientes a fin de afrontar los pagos de las fuertes inversiones que se realizaron.

          Un período en el que llegaron a trabajar hasta 437 personas, para extraer 270.000 Tm de mineral, que inicialmente se transportó a la fundición de Fuente del Arco con animales de carga (burros), hasta que en 1902 se procedió a la instalación del cable aéreo sistema “Bleichnert”, de 5.600 m. de longitud, que permitió el transporte entre la mina y el pueblo de Fuente del Arco. Es más, el proyecto permitió que esta zona tuviera comunicación por ferrocarril de vía estrecha, desde Fuente del Arco a Peñarroya, en la provincia de Córdoba, donde el mineral era finalmente procesado.

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          Inicialmente la propiedad de los terrenos de la mina de La Jayona fueron de la Marquesa de Bogaraya, que posteriormente arrendara a la sociedad belga dirigida por Carlos Merlín-Huybrechts, la explotación de las minas “El Monstruo” y “Ya te lo Decía”, que formaban el Coto Minero de La Jayona, correspondiendo la dirección de las labores al ingeniero químico Julio Merlín. Se viene a decir que los dos hermanos que la explotaron incurrieron en numerosos fraudes en la declaración de la cantidad y calidad del hierro. Más tarde, a partir de 1904, fue la Sociedad Auxiliar de Minas e Industrias la que se hizo cargo de la dirección, administración y explotación de las mismas, ante las dificultades de capital de la empresa belga.

          Sobre la mano de obra y su salario hay que decir que aunque no existan documentos que aporten una información fiable sobre la situación de los trabajadores, los datos que el pueblo llano puede aportar de generación en generación nos señalan que los mineros del exterior tenían un salario de 1,75 pesetas (hombres), una peseta (mujeres) y 0,75 (muchachos). En el interior de galerías el salario era mayor: 2,50 pesetas (hombres), 1,25 y 1,50 pesetas (muchachos), y no se tienen noticias de que las mujeres participaran en esta zona.

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                En el período comprendido entre 1936 y 1939, durante la Guerra Civil española, se produjo el desmantelado y vendido el cable aéreo, hasta que ya, desde 1990 a la actualidad se hayan producido los acontecimientos relevantes para la gestión como Cueva Turística.

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         Hay que resaltar las especiales características que reúne la zona, propias de los roquedos verticales, las condiciones de luz y humedad similares a las de los desfiladeros fluviales, y una fauna y flora de los ecosistemas mediterráneos propios de Extremadura. Supone, por lo demás, que dentro de la mina exista un microclima propio, que le diferencia de las condiciones externas. Ello hace que en el interior adquiera relevancia la vegetación típica de clima húmedo, y que unido a la presencia permanente de agua en el fondo del hueco central, permite que existan helechos, plantas trepadoras, higueras, musgos, etcétera, en claro contraste con la vegetación típicamente mediterránea del exterior.

 

           La inactividad de la mima ha servido también para que la fauna se beneficie de los pozos abandonados, donde hoy habitan varios tipos de reptiles y anfibios. En los cantiles y roquedos anidan aves de pequeño tamaño (vencejo, avión, golondrina), junto a otros como el búho real y la cigüeña negra, y mamíferos, entre los que destacan murciélagos como los de herradura y los de cueva cuyo hábitat está en las galerías más profundas.

 

          La mina se encuentra dividida en once niveles, si bien sólo se pueden visitar cuatro, tres de ellos por debajo del nivel de superficie y formados a su vez por pasadizos y galerías, alrededor del hueco central en el que se pueden apreciar restos de las construcciones utilizadas por los mineros.

 

         En la visita guiada que hacemos podemos ver, junto a esa vegetación y fauna referida, cómo ha quedado al descubierto numerosas y valiosas manifestaciones geológicas; en particular sorprende e impresiona ver un plano de falla en el que pueden observarse estrías y un gran espejo de falla que se divisa desde varios niveles y por las pliegues. Se advierte, por igual, las mineralizaciones de hierro y el proceso kárstico con estalactitas en formación.

 

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      En definitiva, un precioso paraje al que puede unirse la espectacularidad que representan los pozos, las galerías, los puntos de apoyo, y las estructuras mineras que permitieron en su momento la excavación, además de los sonidos y los juegos de luces que, según anuncian, son diversos según las estaciones del año. Un tesoro natural que merece descubrirse. Para ello, ha de hacerse la cita previa contactando con el Ayuntamiento de Fuente del Arco (Telf.: 667 756 600. Email: ci.minajayona@juntaex.es).

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