El Sur de Extremadura: la ermita del Ara

        Extremadura es grande en extensión geográfica y diversa en lo que puede ofrecer, con contrastes que la convierten en lugar apropiado para viajar y conocerla en su esencia, en esos parajes escondidos a los que no todo el mundo llega si no lo es por contar con una mínima orientación.

        Aprovechando una de las escapadas que me gusta hacer por las tierras extremeñas, esa que llevo en mi corazón, me dirijo al sur de Extremadura, a la que se conoce como comarca de Campiña del Sur y que limita con la Comunidad Autónoma de Andalucía. Y lo hago para acercarme a ese pueblecito de pocos habitantes, llamado Fuente del Arco, en cuyo municipio ha llegado a mí que se encuentran verdaderas joyas dignas de conocer.

       Y la primera se sitúa a unos siete kilómetros del pueblo, por una estrecha carretera que a veces te hace dudar si has tomado la dirección correcta. En las estribaciones de Sierra Morena, en paraje de gran riqueza arqueológico, con abundantes vestigios de época romana, y con un entorno forestal, rodeada de olivos, aparece una ermita mudéjar del siglo XIV, aunque concluida en el XV (1494), en un paraje que invita al senderismo. Un inmueble que ha sido declarado Bien de Interés Cultural en 1993, lo que por sí mismo supone que adquiere la relevancia  necesaria como para merecer esta distinción.

           Se trata del santuario de Nuestra Señora del Ara, una ermita cuyo origen no se conoce con exactitud por la escasez de documentación existente al respecto. Una de las leyendas alude al rey Jayón y su hija Erminda, en la que se habla de la conversión de un reducto islámico tras la aparición de la Virgen en lo alto de una encina, y que atendiendo a lo que pidiera la Señora se edificó la iglesia; otra versión relaciona la construcción del templo con la existencia de una primitiva fundación conventual cartujana. Pero sí cobra cierto peso la que señala que el santuario lo mandó construir el prior de la Orden de Santiago, García Ramírez, aunque no con el aspecto o resultado que hoy puede advertirse, pues la estructura y arquitectura de la ermita ha experimentado cambios con el paso del tiempo, si bien ha conservado la esencia del estilo mudéjar inicial. Se tiene la impresión que la ermita fue construida sobre los restos de un templo precristiano anterior, e inicialmente no existía más que la iglesia y unas construcciones anexas de las que ahora pueden advertirse algunos restos.

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           Llama la atención la arquería de la fachada sur de la iglesia, que deja ver ese estilo mudéjar que comento, compuesta por arcos muy peraltados que se apoyan sobre pilares poligonales, siendo éstos los únicos que permanecen al descubierto pues los que existen en el oeste y norte fueron cegados para elevar construcciones anexas. Tras la arquería hay una puerta de acceso al interior del templo, con arco de herradura enmarcado al alfiz.

            La única nave que cubre la iglesia está soportada por una bóveda de cañón.

          La espadaña o campanario, por su parte, se levanta sobre los muros de los pies de la iglesia y se compone de dos cuerpos, con medias columnas adosadas y el superior se corona con un frontón triangular. Fue incorporada con posterioridad, entre finales del siglo XVII o principios del XVIII.

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        En el patio que tiene la iglesia se encuentran las construcciones anexas ideadas por la Orden de Santiago (aposamientos, casa del santero, bodega con lagar, molino de aceite). Cuenta además con una fuente con dos pilones; el primero sobre el que vierte el agua es circular, y el segundo adosado al primero es rectangular.  Resulta grato beber del chorro de agua fresca que cae a la pilastra.

         Las vistas de alrededor permiten divisar la Sierra de San Miguel, la Sierra del Viento, y la Ribera del Ara.

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        Pero la principal sorpresa de esta ermita se encuentra al introducirte en su interior. Llego en un momento donde la guía que tiene la ermita inicia su exposición a los numerosos visitantes que nos juntamos sentados en los bancos de la iglesia. Espectacular como ella sola te encuentras una nave donde destacan los frescos de su bóveda central, que le valen el apodo de Capilla Sixtina de Extremadura por cuanto que, al igual que sucede con las pinturas de Miguel Ángel en el Vaticano, se representa el libro del Génesis. Los 24 cuadros que lo componen, junto con los dos cuartos de círculo del muro del coro alto, muestran la creación, paraíso, destierro e hijos de Adán y de Eva (doce escenas 1-12), la historia de Abraham desde su encuentro con Melquisedec hasta el sacrificio de su hijo (13-17) , el Diluvio desde la Torre de Babel hasta el Sacrificio de Noé (18-22), y la historia de Isaac y Rebeca (números 23-26). Todas estas imágenes se encuentran insertadas en una enorme cuadrícula, cada una de ellas comprendida por una fantasía grotesca a base de figuras humanas aladas de raíz vegetal y carnosos roleos.

         No se tiene certeza de cuándo comenzara a realizarse la decoración de los techos, restaurados más recientemente, pero sí aparece en la propia bóveda una inscripción que delata el año de finalización, 1736. También parece, por los datos que se han podido extraer de la restauración, que no fue uno solo el pintor, sino varios (se considera que fueron seis pintores diferentes) los que refrendaron las cuadrículas que la componen, por lo que se cree que estas pinturas pertenecen a la escuela que tuvo Francisco de Zurbarán en la vecina localidad de Llerena (Badajoz).

         En el zócalo destaca también unas pinturas de figuras geométricas, de finales del siglo XV, que solo pueden encontrarse en este recinto y en el Palacio Episcopal de Llerena. Por sus tonalidades, se cree que fueron pintadas con los minerales extraídos en las minas de La Jayona, ubicadas cerca de la ermita y a que igualmente deseo visitar en esta ruta que nos hemos propuesto.

           Mirando al bajo coro observamos su decoración, con pinturas del siglo XIX, que no pueden considerarse vinculadas a la religión por cuanto que aparecen cuatro figuras femeninas acompañadas de diversos atributos, que representan los cuatro puntos cardinales (septentrión y occidente, del lado del evangelio; oriente y meridiano, del lado de la epístola).

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         Del otro lado está la Capilla Mayor, que se abre a la nave central por un gran arco toral, con una profundidad de un poco más de cuatro metros. Aparece dividida en dos tramos, señalados en superficie por delgadas columnas adosadas que se cubre con bóveda de crucería. El retablo del siglo XVIII, de estilo barroco, tiene tres calles, y en la central, a los pies de la imagen titular, se sitúan las imágenes de bulto redondo del rey Jayón y su hija Erminda, protagonistas también del cuadro que antes figuraba en este lugar y que ahora se encuentra en la sacristía de este edificio. Una pintura sobre tabla de factura gótica aunque fuera restaurada en varias ocasiones, que viene a contar la historia de la aparición de la Virgen.

 

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       Hoy, en el lugar donde antes estuviera este cuadro, se encuentra la talla de la Virgen del Ara datada a mediados del siglo XVIII, que luce en una hornacina que permite su visibilidad desde todos los puntos de la iglesia. Desde la sacristía se puede subir al camerín de la virgen, situado detrás de la hornacina.

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       Para la zona del altar se eligieron trampantojos que reflejan el Nuevo Testamento: la adoración del Niño, la huida a Egipto…, aunque algunos de ellos quedan detrás del retablo, obviamente construido con posterioridad.

     En los laterales del frontal de la iglesia se encuentran dos retablos barrocos de San Antonio y del Santísimo Crucificado.

        Se advierte y destaca, por lo demás, la existencia de azulejos de la Cartuja de Sevilla en diversos elementos de la ermita (como las gradas del Altar Mayor, los asientos que rodean el templo y los frontales de los altares laterales), que fueron colocados entre 1550 y 1575.

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       Sin duda merece la pena acudir a este bello lugar pues seguro que a cualquiera que le mueva el mismo deseo que a mí, podrá comprobar la impresión y agrado que produce encontrar una obra de esta envergadura en medio del campo.

      Prosigo mi ruta, ahora con dirección a las minas de La Jayona, cercanas a la ermita y a las que dedicaré otra entrada.

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