Apelar al tiempo

         El recurso al tiempo, y lo que supone como período que deba mediar para cumplir objetivos esperados y esperanzas depositadas, o de cara a extraer conclusiones, es bastante frecuente en el devenir de lo que va sucediendo cada día, y buena muestra de todo ello es la gran afluencia de referencias que se hacen en el refranero español o en las citas que realizan los maestros de las letras. William Shakespeare venía a decir que “El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad”.

        Resulta curioso que en unos momentos donde todo parece girar en torno a saborear el presente (Carpe diem, aprovecha el momento actual), se suela dejar pacientemente en manos del transcurso del tiempo la resolución de cuestiones que se nos presenten ahora. Muchas veces, es verdad, lo es por pura dejadez y comodidad de no abordar la obligación actual, y con ello brota el fenómeno de la procrastinación, esto es, la acción de dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, en franca contradicción con el dicho atribuido a Benjamín Franklin de que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

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        Ahora bien, no creo que haya duda alguna de que eso de dejar para mañana lo que puedes hacer o resolver hoy es simplemente un atrevimiento arriesgado, sobre todo porque no somos dueños del futuro y de los acontecimientos que se produzcan. Hay quien dice que aquel que deja para después un placer, un amor, un libro o un café, no entiende lo efímero que es la vida. Puede, naturalmente, abrirse el espectro de cuestiones a dilucidar.

       Ello no obsta para que en ciertas ocasiones sea bastante socorrido apelar al transcurso del tiempo, y de este modo hay personas que siguen el sabio refranero español que, por lo general, no suele fallar en los vaticinios que recoge. Eso de que el tiempo pone a cada uno en su sitio es un refrán que se cumple con frecuencia, sobre todo porque la respuesta parece difícil que no pueda darse por la indiferencia que a priori muestra el designio; sea como fuere, el beneficio o perjuicio de quien se la haya aplicado ocurrirá, aunque también es verdad que a veces el tiempo acaba matando la contienda, con olvido total.

        Pero realmente el designio al que ahora me refiero con este refrán va dirigido a quien aprovechando el momento y con abuso de su prevalente posición, va por la vida con la prepotencia e imposición de actitudes y decisiones que daña a los demás, para de esta forma apelar al futuro en el que finalmente caerá por su propio peso para reconducirlo al sitio en que merece estar. tiempo4Así, en sintonía con ello, se suele decir también que siéntate en la puerta y espera que pase el cadáver de tu enemigo. Aunque drástica en cuanto a lo que se espera, es en el sentido metafórico como debe entenderse en cuanto que lo querido es constituir una manifestación de que la paciencia es a veces buena consejera para que la justicia se sirva en bandeja. En este caso se trata, en realidad, de un proverbio chino que muestra lo partidario de la cultura oriental por este tipo de resistencias pasivas, que preconiza la paciencia y la calma como buena consejera ante situaciones de difícil solución.

         Otros apelan al tiempo para aclarar y resolver lo que en el momento presente no tienen posibilidad de hacerlo por los medios que tienen al alcance. Así vienen a decir que el tiempo demostrará lo acertado o equivocado que se pueda estar ahora cuando vaticinas un suceso o imputas a otra persona alguna cuestión (“El tiempo lo aclarará todo”, se suele decir). La manifestación que se hace lo es para apelar a un futuro que te hará ver lo certero, el ridículo o lo desafortunado que has sido dando por cierto hechos sin contrastarse debidamente con la realidad.

        Ocurre que el tiempo no está para decidir. Lo más que hace es alejar a los contendientes. En un caso porque cuando el enemigo ataca y te impide la defensa en el instante, no queda más remedio que acudir a la paciencia para ver como cae por sí mismo lo que desde el principio resulta un improperio. El mal intencionado tiene los días contados y, a buen seguro, jugando con fuego se quema.

        En el otro caso porque si hoy no se aclaran las diferencias o resuelven los malos entendidos, va a resultar muy complicado volver al tema que el tiempo borrará en sus pruebas más contundentes. La distancia crecerá cada día más. Así, algunos auguran que congelar los asuntos no es más que aventurar el fracaso final.

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       En cualquier caso me parece que dejar al tiempo la resolución de cuestiones es simplemente dar por sentada la imposibilidad manifiesta que se tiene para encontrar soluciones, admitir un fracaso y, de este modo, parece como una apelación que se hace a la suerte del futuro para ver si la diosa fortuna de la suerte colma la visión que se tenía. De este modo parece deducirse que el tiempo actúa como elemento protector, sanando heridas para recuperar las fuerzas y volver a volar, que podrá suceder, en su caso, siempre y cuando se haya sabido valorarlo y aprovecharlo. Porque el tiempo ayuda, pero no debe omitirse que también hay que ayudar al tiempo, valga el juego de palabras.

       Es claro que los sueños rotos requieren tiempo para que el cerebro elabore nuevos planes o encuentre nuevas soluciones y, por supuesto, las pérdidas requieren tiempo para aprender a ubicar en otro lugar nuestra pasión. Aquí, y en caso de sucesos acaecidos imprevisiblemente, demorar la recuperación es cosa obvia por necesaria.

       Si no es así,  cuando no ocurran estas circunstancias extremas, más vale que se actúe en el presente, con los medios que se tengan al alcance. De otro modo el tiempo puede ser un aliado perverso, enquistando los problemas y haciéndolos más grandes. Verás el enemigo pasar o habrás conseguido aclarar lo que vaticinabas, pero solo como satisfacción moral para quedar claro y manifiesto que por la vida no se puede ir con la maldad y el engaño.

       Porque eso de que “el tiempo lo cura todo”, tan popularmente dicho, se ha demostrado científicamente que no es tan así, y que las heridas recibidas no sanan solo por dejar pasar los días (lo muestra el estudio realizado por la Universidad Estatal de Arizona y publicado en la revista Perspectives on Psychologic al Science). Así pues, hablar del tiempo como la única variable que está relacionada con la sanación emocional es incorrecta. El tiempo sin ayuda no cura.

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         En definitiva, esperar pasivamente a que las cosas mejoren o se resuelvan por arte de magia nos conduce a un craso error. Para que puedan ocurrir estas mejoras circunstanciales o resolutivas, los individuos deben actuar activamente para recuperar su bienestar. Esperar sentado para que los acontecimientos ocurran por virtud del tiempo y destino, es una solución necesaria cuando no hay otra forma de actuar, prolongando en el tiempo el dolor y el sufrimiento. Porque la auténtica sanación requiere adquirir conciencia para ello, y actuar en consecuencia con los pasos que día a día se den para la resolución de los problemas.

 

2 comentarios en “Apelar al tiempo

  1. Esther Vázquez

    Buenos días, después de tanto tiempo 😊.
    Qué alegría volver y encontrarme entradas así de interesantes. Me ha gustado tu recopilación de refranes, muy a cuento para explicar con detalle todo esto del tiempo, que según cada persona se lleva de una u otra manera. En mi caso, me encanta vivir el presente, aunque a veces me sea imposible disfrutarlo realmente por obligaciones varias. Estoy totalmente de acuerdo contigo, creo que esperar sin hacer ni pensar nada a que el tiempo lo solucione todo es un error; es cierto que en algunas ocasiones no queda otra que esperar a ver resultados, y que ayuda a paliar dolores y dificultades, pero pienso que sin al menos un poco por nuestra parte, poco hará el tiempo que no sea dejarse llevar y privarnos de una vida quizá mejor si nos proponemos aprovechar cada segundo.
    Un gran artículo. Un saludo, me alegro de volver a leerte.

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