Dos pájaros volando sin parar: Serrat y Sabina

          Me pueden creer, queridos lectores, que tenía el firme propósito de comenzar este post de una forma muy diferente a cómo he tenido que reconducirlo. Los acontecimientos te hacen recapacitar, una vez más, a propósito de lo efímera que es la vida, y el transcurso del tiempo a veces te atropella tanto como para que se tornen las alegrías en penas, en cierto desasosiego producto y consecuencia de ver cómo unas personas hicieron que la rutina nocturna se convirtiera en un momento inolvidable y, justo veinticuatro horas después sucumbiera el desaliento por un desgraciado incidente que nadie podía prever. Hoy y mañana son dos espacios temporales que pueden ser contrapuestos.

         Acudí la noche del día 11 de febrero al magnífico espacio multiusos que supone el WiZink Center de Madrid, para ver subidos al escenario a dos grandes de la música, Serrat y Sabina, y presenciar su espectáculo “No hay dos sin tres”, título sugestivo que trae a colación su tercera gira que comenzara esta vez por Sudamérica con la unión de dos personajes que vienen de vuelta pero que no dejan de mostrar su vitalidad y así poder abarrotar sus citas, para rendirse ante la encomiable voluntad y aliento mostrados, sumidos en el aire poético que desprendían sus palabras y canciones, sin que por ello faltara el tono bromista, dicharachero y cómplice de una profunda amistad que se palpaba incluso por el cariño que desprendían los improperios que se infundían, salidos de dos aparentes cascarrabias, cargados de años, tantos como de sabiduría y maestría acumulada.

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        El maestro Sabina se encargaba de los tonos más cargantes, tanto como para bromear con su propio nombre, Joaquín, que dice no lo escuchó hasta los doce años porque antes le llamaban “Cállate, idiota”. El maestro Serrat hilaba por lo fino, dando puntadas propias de una persona recta y humilde, amigo de sus amigos, que hasta aludiendo a los vicios del compañero de faena lo hacía con la gracia de parecer una galantería.

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          Desde la aparente muestra de un inicio sinuoso, se imbuía el torbellino conforme fue pasando el tiempo. En escena, antes de que aparecieran los protagonistas, las pantallas de fondo mostraban a dos pajarracos que presentaron a “dos artistas superlativos, los reyes del verso, los amos del cuento”. Se rompía el hielo y comenzaron los diálogos de estos grandes, en que la ironía con sus achaques y su voluntad de seguir en los escenarios se mostraba con el cotilleo de arranque; y también con los “halagos” que dicen recibir de “los plumillas”: “Dicen que somos mayúsculos e inmortales…eso es que nos estamos muriendo”.

          En casi tres horas, estos jóvenes de corazón indeleble, de pájaros que nunca han transitado de paso, nos deleitaron a los presentes con bellezas de letras y música que se mantendrán de moda mientras alguien se atreva a emularlas, aunque nunca será igual sin la voz tenue y comedida de Serrat y el desgarro de la sufrida garganta de Sabina.

          “No hago otra cosa”, Aves de paso”, “La Magdalena”, “Lo niego todo”, “Cantares”, “19 días y 500 noches”, “Las nanas de la cebolla” “Peces de ciudad”, “Pero qué hermosas eran”, “Tu nombre me sabe a yerba”, “La del Pirata cojo”, “Princesa”, “En el bulevar de los sueños rotos”, “Mediterráneo”,“Y sin embargo”…, constituyen meras muestras de todo un repertorio que envolvía los sentidos. El Center subía de pulsaciones.

      Salí profundamente emocionado. Por ver que el tiempo no puede con estos trotamundos; y agradecido por hacerme pasar unos instantes de suma felicidad, dejando de lado oscuridades y deseoso de que con su ahínco sigan dando lo que tienen, porque supongo que su eterna juventud estará acorde con su inmortal poesía.

           Pero quien iba a decir que el día después, donde se esperaba otro éxito de público y de camaradería, el maestro Sabina, deslumbrado por un foco, diera un paso al vacío para caer desde ese escenario envuelto en media penumbra, y volar los dos metros que se separaba del firme, para castigar su físico hasta el punto de tenerse que suspender el espectáculo y acudir al centro hospitalario que finalmente le hace pasar por quirófano ante el coágulo que su cráneo agolpó por el fuerte impacto. El cantante, que celebraba en la fecha su 71 aniversario, nos ha dejado en vilo a todos. No puede ser realidad que entre la alegría y la pena exista tan fina línea. Únicamente nos queda mostrar los deseos de conocer su restablecimiento, aun cuando parece claro que el transcurso del tiempo será el principal testigo de lo que venga aconteciendo.

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         Ahora, con el sonido de fondo de ellos dos, solo puedo consolarme escribiendo esta entrada que, como las que he podido hacer anteriormente, quedará en el depósito de un blog tan personal como público. No podían faltar estos dos pájaros de altura. De un admirador.

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