Con el localizador a cuestas

          Soy de los convencidos que estando en las redes sociales, o disponiendo de móvil, haces como una especie de pacto con el diablo de cara a no verte inmerso en los múltiples inconvenientes que presenta, que están ahí y no parece que existan o que pueda afectarnos a nosotros. Eso me lleva a actuar con cierta mesura, sopesando el uso que hago y las entradas que pueda hacer por aquello de que, con toda seguridad, habrá alguien que escrutará el contenido y no para sacar las conclusiones lógicas que pretendo con los relatos que incorporo al blog o la intervención en otros sitios de confluencia social, para servir de puente al loable deseo de encontrarme con una sociedad en la que todos podemos brindarnos satisfacciones por la interconexión virtual que tenemos a nuestro alcance. Como una aportación que a nadie perjudica y puede servir a alguien de estímulo, información o meramente de recreo.

        No soy tampoco de los que prodiga el uso telefónico, entendiéndolo igualmente como un medio que hoy resulta de total necesidad, pero huyo de localizadores y de esos avisos espontáneos que puedan aparecer en la pantalla para permitir accesos. Actúo por ello con la necesaria prudencia que precisa el invento, aunque por mucho que quiera mantener sintonía con WhatsApp u otras aplicaciones, me sumerge en un mundo de horizontes imprecisos e indefinidos.

        Así pues, con la asumida indefensión de ser un usuario expuesto a intromisiones ilegítimas, sigo en el mundo de los confiados en la divina providencia. Muchos son, sin embargo, los que, conociendo estos fastidiosos incordios, no soportan verse coartados en su intimidad y libertad de expresión, por lo que, al final, sucumben y dejan de seguir en la palestra en cuanto concierne a las redes sociales. Pero lo del móvil ya resulta más complicado porque privarse de su uso es tanto como hacerlo de un medio que facilita el normal y cotidiano desarrollo de la actividad laboral y familiar. Pero ahí está, un espía silencioso que no deja de acompañarte.

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     Sí amigos, así es, estamos controlados aunque el alcance lo sea respecto a la localización, para saber dónde estás y qué movimientos haces. Es lamentable que esto ocurra y que veas noticias en los medios, ahora a propósito de este proceso virulento del Covid-19, en los que se presentan datos y estadísticas basados en el seguimiento que se ha hecho, que igualmente pueden servir a cuantos otros fines se desee, porque del control que pueda tenerse en determinadas bases de datos no seré yo el que muestre confianza. Que yo sepa, a menos que pueda contenerse en la letra menuda de esos contratos abusivos que te hacen para vincularte a una compañía telefónica, no he dado mi consentimiento para un uso distinto al que pretendo, salvo que se precise por decisión judicial.

       Mi sospecha encuentra fundamento. Los datos que se han presentado públicamente provienen de la posición de más del 80 por ciento de los teléfonos móviles en toda España. Un análisis elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) con la estrecha colaboración de los principales operadores de telefonía móvil (Orange, Telefónica, Vodafone). Puede consultarse en la página web de la institución, donde aparece el análisis centrado en el estudio de la movilidad de la población durante el estado de alarma por Covid-19, ofreciéndonos datos recogidos desde el 16 de marzo cada dos días, y a diario desde el 31 de marzo.

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       Pero no queda ahí la cosa. Aun cuando ya hay quien se refiere a esa aplicación un tanto extraña que se está haciendo de lo que se concibe como estado de alarma, por considerar que es más propia de un estado de excepción, ocurre que el uso que hace el INE en colaboración con estas operadoras no viene de ahora. Ya escrutó en 2019 la huella de los móviles, por aquellos instantes para extraer otras conclusiones, tales como los desplazamientos que se hacen por estudios o trabajo, en días festivos, o en períodos vacacionales. El “chollo” tecnológico es impresionante porque se evitan las obsoletas encuestas obtenidas por cuestionarios elaborados al efecto. Ahora, sin moverse del asiento, sin consentimiento previo, quedamos todos inmersos en el despiadado control de la geolocalización. Y esto que se sepa, porque mi desconfianza no creo que vaya mal encaminada.

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        Centrando mi atención en los momentos actuales, aun con la sospecha de que algo podría estar haciéndose, lo cierto y verdad es que al interesarme con mayor profusión del tema encuentro que, efectivamente, existe un plan que fue aprobado por el gobierno de España y publicado el 28 de marzo de 2020 en el Boletín Oficial del Estado mediante la orden ministerial SND/297/2020, según la cual se encomendó a la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, diversas intervenciones para desarrollar soluciones tecnológicas y aplicaciones móviles para la recopilación de datos con el fin de mejorar la eficiencia operativa de los servicios sanitarios del país, así como la mejor atención y accesibilidad por parte de los ciudadanos; y analizar la movilidad de las personas en los días previos y durante el confinamiento, siguiendo el modelo emprendido por el Instituto Nacional de Estadística en su estudio de movilidad y a través del cruce de datos de los operadores móviles, eso sí, de manera agregada y anonimizada. El objetivo perseguido es, según se dice por la información suministrada por el Ministerio, “hacer seguimiento del confinamiento y con aplicaciones de Inteligencia Artificial detallar el movimiento de las personas y predecir posibles puntos con acumulación de gente o escenarios de tensión”.

      En sintonía con todo ello, ciertas compañías como Google y Facebook también anuncian que ayudarán a combatir la pandemia publicando los movimientos de población de 131 países.

        No pretendo entrar en detalle sobre si estas medidas inciden en derechos fundamentales que pueden verse conculcados, cuya resolución puedo suponer que se ventilará en los procesos judiciales que ya he oído que se han emprendido por considerar que se están haciendo extralimitaciones de lo que es y debe suponer un estado de alarma, pero sí me gusta saber y ser conocedor de que este control y seguimiento se me hace. Y, por ello mismo, no dudo en hacerlo público porque como ciudadanos no podemos vivir en el mundo del intervencionismo sin ser plenamente conscientes de ello. Aunque su uso sea a efectos meramente sanitarios.

 

 

4 comentarios en “Con el localizador a cuestas

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