El adiós sin razones

Queda bien poco para dar por concluido un año que no merece tan siquiera una digna despedida y, si acaso, intentar olvidarlo cuanto antes mejor, aunque estar aquí ahora y poderlo contar es ya toda una odisea en el bullicioso estruendo que nadie podía imaginar que se produjera por estas mismas fechas del fenecido 2019. Por eso mismo, quizás más que olvidar sea oportuno el tenerlo muy presente para que no se flaquee cuando perdamos nuestro horizonte dejando la piel en cosas mezquinas.

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Momentos de convulsión

El año 2020 va a quedar muy grabado en nuestras mentes, como ese año que cambió nuestras vidas, nuestra dirección y que nos obliga a hacer esfuerzos para no caer en la tentación de olvidar y ser tan atrevidos como para pensar que lo vivido ha sido simplemente una mala pesadilla. Pero está tan presente, tan real, que la tensión marca nuestro día a día. Si te atreves a estar actualizado con el noticiario cotidiano, seguramente que entrarás en depresión. Quizá por ello son muchas las personas que me dicen o comentan que la televisión ni la ven, mucho menos coger una prensa escrita u on line para tener que hacer el soberano esfuerzo de leer e interpretar cosas funestas. Mejor vivir en paz… mental.

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Los esperados cambios sociales

        Se dice que el paso de este mal que nos ha tocado padecer, y que ya duele hasta mentarlo, va a suponer un antes y un después en la mentalidad y forma de actuar del ser humano, por aquello de que el aprendizaje se ha hecho con la profusión necesaria como para no olvidar el mal trago a quienes la diosa fortuna ha perdonado de una fatídica y radical resolución vital. Seguir leyendo «Los esperados cambios sociales»

El tesoro de los balcones

          No se confundieron aquellos que pensaron mejorar la estética de las edificaciones con unos salientes a los que llamaron balcones, y que no solo cambiaron el aspecto ramplón que pudieran tener las casonas y caseríos sino que también propiciaron que se mejorara la calidad de vida de los vecinos, para salir y acercarse a las calles en unos espacios donde se podía establecer un pequeño jardín florido, servir de tendedero hasta que los municipios y comunidades empezaran a prohibir este uso hacia el exterior, acoplar algunos trastos que no caben en el interior, como bicicletas; o, simplemente, para salir a tomar el aire o el sol, y divisar el tránsito callejero. Seguir leyendo «El tesoro de los balcones»