La salud es temporal

Los tiempos que vivimos son especialmente incisivos en impedir que la salud se convierta en el modo normalizado de vivencia humana, hasta el extremo que todos los que estamos transitando por este turbio camino de la vida lo hacemos con la cautela que impone el temor a vernos inmersos en los números de contagiados.

Sin ser el único ataque que recibimos, la Covid-19 y las variantes del SARS-CoV-2 que lo causan, nos hacen convertirnos, de momento, en presas del infortunio nocivo. Otros enemigos no dejan tampoco de incidir en su persistente intención de hacer mella en nuestra salubre vivencia. Tanto como para que podamos decir que tener salud es el mejor regalo que podamos recibir para vivir con la intensidad que deseemos. Somos y debemos sentirnos realmente afortunados cuando la salud nos complace con su compañía.

Preso de lo que acontece, me veo inmerso en el contagio que me lleva a extremar los cuidados. No soy asintomático sino afectado por la levedad que dice producirse en todos aquellos que careciendo de patologías complementarias no precisan de otro cuidado que estar confinados durante el período de siete días y aguantando el chaparrón, con el único apoyo del paracetamol que de forma genérica aconsejan los facultativos.

Cuando te ves inmerso en este estado, y me imagino que cada uno que pueda verse afectado tendrá un grado de levedad diferenciado en función de sus propias defensas personales, sí puedo advertir que no es fácil asumir que tienes metido en el cuerpo un dichoso bichito que mata y que tu cuerpo entabla una lucha para intentar salir al paso de lo que acontece. El agradecimiento que puedes hacer a tener ya puestas las tres dosis de vacunas son las que te hacen pensar qué hubiera pasado si estuvieras en el grupo de negacionistas. No lo quiero imaginar.

Es por ello que cuando algún atrevido de los que con su carisma pueden hacer mella en la sociedad, se convierte en firme defensor de los proclives a no vacunarse, se me antoja pensar que estamos en un mundo de despropósitos y de desaprensivos. Soy de los que abogo por la libertad de elección, como debe ser para permitir que el ser humano disponga de un derecho que debe ser innato a su condición, pero también habría que convenir que negar lo que parece evidente no puede amparar la libertad de movimiento que se desee, porque choca con el derecho de los que optan por lo contrario y por sacrificarse para vivir y convivir con los demás.

Me parece por todo ello un atrevimiento que personas como el famoso tenista Novak Djokovic, echen pulsos que me parecen innecesarios. Lo curioso es que cuando se habla del tema por los distintos medios y tertulias televisivas se hace desde el estricto plano de cumplimiento de las leyes, como si fuera esta la única y fundamental razón para negar a un jugador que intervenga en una prestigiosa competición. La realidad debe superar estos dictados, y para mí lo fundamental es que nadie puede estar tan legitimado como para poner en peligro a otras personas. Y lo digo no con la profusión de conocimiento científico necesario como para poder competir en el plano dialéctico contra quienes propugnen no vacunarse por considerar que este es el enemigo más grande que pueda recibir el cuerpo humano, sino simplemente porque no encuentro razones de peso como para que me demuestren que con la que está cayendo a nivel de contagio, el no estar vacunado se pueda convertir en la solución al problema. Como entiendo que nadie me lo puede acreditar de forma convincente, no me parece de recibo que el “yo” prevalezca con la contundencia que se pretende. Y los impedimentos sean por cumplir dictados escritos y no de raciocinio humano.

Lo mejor, con todo, es la noticia que acabo de ver respecto al susodicho Djokovic, y que quizás pueda darnos pistas de la posición que tiene, al menos para no defenestrarlo por una sociedad que está deseosa de vapulear al semejante. Se anuncia que el tenista ha adquirido el 80% del accionariado de la empresa danesa QuantBioRes, con el objetivo de desarrollar un tratamiento médico contra el Covid-19. Parece que el tema no le resulta tan ajeno como pudiera pensarse.

A lo mejor, dejar de creer a pies juntillas en la dirección que nos quieran imponer los que no parece que caminen con la transparencia y claridad necesaria, permitiría propiciar un debate apropiado sobre lo que estamos haciendo y qué podría suponer encontrar tratamientos médicos y no seguir pensando que la vacuna temporal sea el método de solución permanente.

3 comentarios en “La salud es temporal

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