Badajoz y su Plaza de Cervantes

         El paseo que relato nos lleva a las cercanías de la Plaza de España en la ciudad de Badajoz, lugar desde el que parto en la exposición. Y de las distintas posibilidades para llegar a la plaza prevista, lo hago por la calle López Prudencio, un recorrido transitado con frecuencia por los ciudadanos pues no en vano parece el camino natural para ir después al barrio extramuros de San Roque, en la zona este de la ciudad, y que aglutina un buen número de pacenses.

             La calle López Prudencio es bastante estrecha, entre el Ayuntamiento y la Catedral, y en su primer tramo aparece enmarcada, en su parte derecha, por el costado del templo catedralicio. Del otro lado se agrupan viviendas y establecimientos entre los que vamos a destacar la que fuera vivienda del pintor Adelardo Covarsí (1885-1951), como así nos recuerda el cuadro de azulejos que aparece colocado en la fachada y que reproduce una de sus obras: “El cazador de avutardas”. Este artista extremeño plasmó como nadie la esencia del mundo de la caza y sus protagonistas, y goza de un reconocimiento universal.

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            Culmina el primer tramo de la calle en cruce con la calle Arco Agüero, encontrándose de esquina el Convento de carmelitas descalzas de Ntra. Sra. de los Ángeles, bien conocido por los pacenses que hemos acudido infinidad de veces al torno situado a la entrada de una sencilla portada que da a la calle López Prudencio, para la adquisición de dulces y pan de ángel (recortes de sagradas formas).

            Es el más moderno de los conventos que subsisten en Badajoz, fundado en 1730 sobre un beaterio anterior dedicado a tal advocación, existente en el mismo lugar desde el siglo XVII.

            Atención especial merece su capilla, con puerta a la calle Arco Agüero. Es de una gran riqueza ornamental, procediendo casi todos sus elementos del siglo XVIII. Se trata de una preciosa pieza de nave única con bóveda de casetones figurados, presbiterio, y recoletos coros alto y bajo con valiosa rejería, toda cubierta con una rica ornamentación barroca popular compuesta por pinturas murales de motivos vegetales y florales, óleos sobre la vida de santos, medallones, guirnaldas, espejos pintados, etcétera.

             El homogéneo conjunto se completa con varios retablos barrocos de gran calidad, entre los que destaca el que cubre el altar mayor, ofrecido por el Capitán General de Extremadura don Feliciano de Bracamonte, que preside la Virgen de los Ángeles, y en el que, entre columnas salomónicas y profusa decoración de otros componentes, aparecen algunas imágenes más.

             Esta visita al convento me permite adentrarme en esta calle Arco Agüero pues llama mucho la atención el conjunto de edificios que se encuentran en este lugar y que además de bellos estéticamente, sin duda, tienen su historia.

              Así, en un primer momento y enfrente a la entrada del convento nos encontramos con una edificación del año 1924, obra de Luis Lozano, y que aunque es de carácter historicista, presenta elementos modernistas como las rejas, o la imitación de sillares. En la primera planta se puede comprobar un cierre de fábrica con forma de curva. Sobre esta planta y en ambos extremos se asientan dos torreones.

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             Más avanzado en la calle nos encontramos con otra muestra que llama la atención. Es la Casa López-Lago González de Orduña que se asienta sobre una edificación anterior, que fue remodelada en 1924 en base a un proyecto de Rodolfo Martínez. En la planta baja un portón formado por un arco deprimido, con rosca moldurada y decorada con bolas, cuyo acceso está enmarcado con piedra, con un frontón decorado con molduras mixtilíneas. En la primera planta las ventanas y balcones presentan un alfiz partido y un frontón partido, con balcones formados por amplias ménsulas con decoración profusa. Destaca aquí también un mirador enrejado. En la segunda planta se forma una galería con arcos escarzanos sobre pilastras, y un hueco de ventana bajo el torreón. En este se encuentra un doble hueco formado por arcos de medio punto adornados con escudos de la Orden de Santiago sobre cartelas y cabezas de león a modo de gárgolas. Toda la rejería que se divisa en la fachada es de forja, con bellas formas decorativas.

            Merece destacar en esta preciosa fachada el escudo de armas que luce, de los caballeros del solar de Tejada y Valdeosera. Se aprecian en él las trece banderas de las batallas ganadas a los musulmanes por el fundador de Tejada, Don Sancho, durante la Reconquista. En el borde aparecen las trece veneras y cruces de Santiago de los caballeros que le acompañaban en sus hazañas. El cuartelado central representa los castillos de Viguera y Clavijo conquistados por Don Sancho; las lunas representan su matrimonio, rodeado de estrellas (los hijos), el león (del reino para el que combatía) y el oso apoyado sobre un tejo (recordando su apellido).

          Vuelvo atrás, a la esquina de las calles Arco-Agüero y López Prudencio, y justo enfrente a la puerta de acceso al convento -al torno- se divisa otro edificio que llama la atención. Es el mejor ejemplo de estilo neoárabe de Badajoz, que oficialmente es obra de Manuel Martínez Mas en 1921.

          El estilo neoárabe de esta edificación se deja ver de forma abundante en tópicos andalucistas: rejerías, azulejos y cerámicas decorativas… La esquina define el cuerpo central del edificio, mientras que los dos cuerpos laterales están rematados también por sendos torreones en los extremos más alejados a la misma. Todos los torreones están cubiertos por teja con aleros vistos. Los cuerpos están definidos mediante pilastras de falsos sillares. En la planta baja, y en su esquina, podemos advertir hoy en día el elemento más distorsionante de esta bella edificación (un antiguo establecimiento comercial que está cerrado pero que mantiene sus rótulos para desmerecer el bloque). En la planta primera las ventanas y balcones que comprende están formados por arcos de herradura, rematados con alfiz de cerámica vidriada, como forma que se mantiene por igual en la carpintería. Los balcones situados en la parte de los torreones están rematados además por un tejaroz decorativo, mientras que los vuelos están decorados con cerámicas vidriadas, y con ménsulas formadas por perfiles metálicos.

           Avanzando por el segundo tramo de la calle advertimos otro elemento a destacar, el club taurino de Badajoz, una verdadera reliquia taurina con su museo que es considerado como uno de los mejores de España por el valor de sus fondos. El recorrido discurre por tres plantas dónde se reparten distintas salas con temáticas dedicadas a toreros y ganaderos relevantes; a la dinastía torera Bienvenida; carteles desde el siglo XVI, fotografías, pinturas, cabezas de toros y trajes de torear. El edificio, de atractiva arquitectura, es de principios del siglo XX.

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            Frente a este edificio se abre la calle Sepúlveda que permite divisar al fondo la famosa Torre de Espantaperros.

           Y justo al momento de llegar a la Plaza de Cervantes, y a la izquierda, nos encontramos con dos edificios igualmente a destacar. El que sirve justo de unión de la calle con la plaza es una edificación de 1922 cuya fachada es igualmente obra de Rodolfo Martínez. Está dividida por pilastras en tres cuerpos. En la primera planta se encuentra un balcón corrido, y un hueco ciego en la segunda. La entrada principal está enmarcada en mármol, con pilastras estriadas. Los balcones de la primera planta están decorados con moldura quebrada a modo de cordón que remata en el frontón con una pieza de cerámica vidriada en los huecos centrales. Los balcones laterales están decorados por pilastras y frontón semicircular. En la segunda planta arcos de medio punto forman las ventanas y los balcones. Todo está rematado por una cornisa con festón decorativo.

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             De frente se encuentra un edificio construido a mediados del siglo XX, de un racionalismo monumentalista que presenta dos plantas de altura y un torreón curvo en la esquina, obra del arquitecto Eduardo Escudero Morcillo. La fachada está compuesta por ladrillo visto, y mortero simulando piedra en las pilastras, cornisas, antepechos y vuelos.

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            Ya en la plaza propiamente dicha, destaca de momento la Casa Puebla, atribuida a Adel Pinna, fue construida en 1921 sobre otra edificación anterior. La fachada principal da la Plaza de Cervantes, es de tipo historicista con elementos regionalistas (rejerías, torreón) y neorrenacentistas (escudo, pilastras, crestería, cuerpo central). Tiene una fachada secundaria, mayor que la principal, hacia la calle Tardío, una de las que salen de esta plaza, y que es de tipo decimonónico.

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          Divisando la bella fachada principal puede advertirse la existencia de un cuerpo central, volado, que está cerrado por pilastras rematadas por capiteles muy decorados. Sobre la segunda planta aparece un torreón retranqueado, y centrado en la fachada. En la planta baja encontramos un paramento avitolado, con las puertas y ventanas enmarcadas en molduras mixtilíneas y rejas muy elaboradas. En la primera planta los balcones están formados por arcos de medio punto, y protegidos por barandillas de hierro forjado. El antepecho del balcón central es de mortero armado profusamente decorado. En la segunda planta, las ventanas y el balcón están protegidos también por barandillas de hierro forjado. La parte superior de la fachada está coronada por una crestería de mortero armado, con figuras de dragones y flameros, y un escudo de armas.

            Pero antes de proseguir con el recorrido de la plaza hagamos una referencia general a ella. La Plaza de Cervantes es la única que se abre en el sector oriental de la ciudad, siendo la más moderna del Badajoz antiguo por cuanto fue concebida en 1834, tras derribarse la iglesia que desde el siglo XV la ocupaba.

            La curiosidad viene precisamente con el nombre. Se denomina Plaza de Cervantes pero, sin embargo, la figura escultórica que preside la plaza es la del pintor Francisco Zurbarán. Y los ciudadanos la conocen como plaza de San Andrés, en alusión a la iglesia que la ocupaba y que mantiene su presencia en una de las edificaciones que la circundan. Por esta circunstancia relativa a la denominación, hay quien la denomina como “la plaza de las tres mentiras”.

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             La plaza se encuentra rodeada de edificios de arquitectura tradicional, en la que proliferan las edificaciones de estilo ecléctico y regionalista de principios del siglo XX, y que comprende todo un recinto de sumo agrado ajardinado, con un atractivo y peculiar empedrado portugués que la pavimenta, en diseño de estrella en piedras de colores blancas y negras. Tal y como reza impresa en el suelo, esta original obra se produjo en 1888.

            En el centro se encuentra el monumento a Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos 1598-1662), erigido en 1932. El pintor, mundialmente conocido por sus inigualables monjes blancos, recibió este homenaje tras ser donada por el autor al Ayuntamiento de Badajoz como agradecimiento por su formación en la Academia Municipal de Dibujo de la ciudad –actual Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí- y por iniciativa de los artistas extremeños. Se trata de una magnifica figura en bronce, obra del escultor alburquerqueño Aurelio Cabrera, que representa al pintor en pie, en actitud gallarda, con paleta y pinceles en la mano y espada al cinto, rodeada de un jardincillo en el que también se integra una fuente con su pequeño estanque.  Aunque de inspiración realista en su concepto, llama la atención por el contrario su moderna realización para la época, al resolver los rasgos y ropajes con aristas y planos ligeramente cercanos al cubismo.Se eleva sobre un pedestal de mármol realizado por Ángel Zoido, realizado por suscripción popular.

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              La actual Iglesia de San Andrés ocupa la capilla del convento de clarisas descalzas de Madre de Dios de Valverde, exclaustrado por la desamortización de 1820, en la que se integraron casi todos sus ricos contenidos artísticos. Las obras de reforma concluyeron en 1864, quedando configurado el edificio como iglesia de una sola nave con capillas al lado del Evangelio y coro alto a los pies. Al exterior destacan la torre campanario cupulada de amplios huecos, situada en la esquina de la calle Suárez Somonte, la cúpula del crucero, y sobre todo las grandes portadas barrocas de mármol profusamente decoradas en su parte superior que presiden la gran fachada de la calle San Blas. Se trata de tres amplios vanos adintelados, uno de ellos abierto en época moderna como salida de los enormes pasos de las cofradías de Semana Santa radicadas en la iglesia, y luego cegado, sobre los que se desarrollan profusos elementos ornamentales enmarcando escudos franciscanos, el del obispo Alcaraz y Alenda, y el de la Hermandad de San Andrés; los heráldicos de los favorecedores de la fundación, Marqués de Monreal y familia Quirós; y sendas hornacinas, con las imágenes de San Pedro y San Andrés.

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             Pieza de enorme valor y belleza que obra en poder de esta iglesia es el paso procesional del Descendimiento (puede verse en la entrada: Badajoz y su Semana Santa), uno de los más impresionantes y hermosos de España en su modalidad, realizado en 1943 por el gran imaginero Antonio Castillo Lastrucci, autor igualmente de la no menos hermosa Virgen de la Esperanza, que se encuentra en la misma iglesia.

             En el extremo opuesto de la plaza hay elementos que merecen destacarse. El Hotel Cervantes ocupa un edificio cuya construcción se produjo en 1920 conforme al proyecto de Florencio Ger. Tiene dos plantas de altura y está rematada en la esquina en chaflán por un torreón que se abre a la Plaza de Cervantes. La fachada es de estilo ecléctico, con elementos neohistoricistas como el balsón y las arcadas del torreón; también modernistas por la cerámica con motivos florales y mirador de fábrica volado; y del regionalismo andaluz en la cerámica polícroma del zócalo del zaguán, y cerámica vidriada en los entrepaños de las ventanas. Las ventanas y balcones se enmarcan con molduras mixtilíneas, presentando además balustradas en los antepechos, ménsulas, cornisas y remates con bolas. El torreón se abre con una galería de arcos de medio punto con las barandillas formadas por balustres. Destaca el escudo con blasón y escudo abierto, roto por un yelmo y una venera, y coronado por copas al aire; se remata además mediante capiteles.

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              En el punto donde confluyen las calles Doblados y Trinidad se encuentra otro edificio con singularidad propia. Es de planta triangular y achaflanado, construido en 1949, obra de Martín Corral. Lo destacable es, sin duda, que las tres plantas que presenta están coronadas por una galería circular adintelada, y sobre ésta un torreón también circular.

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           Girando alrededor  de la plaza nos encontramos con la Casa de Ángel Cánovas, que fue una vivienda de lujo al momento de su construcción, que se encuentra entre los años 1934-1936, obra del arquitecto Martín Corral. Tiene dos plantas de altura, y unas dependencias en la terraza que, junto con el torreón en la esquina, servían para acoger al servicio. La esquina es redondeada en la planta baja, mientras que en las dos superiores presenta un cierre volado de doble orden, semicircular, rematado por frontón curvo partido con volutas. La fachada se encuentra igualmente decorada con pilastras avioladas de doble orden, y con antepechos decorados con formas curvas bajo las ventanas.

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              Si de por sí el mero paisaje que ofrecen estas edificaciones constituyen aliciente suficiente para saborear una de las plazas más emblemáticas de Badajoz, también en su vida cotidiana ha tenido su propia historia. No puedo omitir aquí y ahora al Autoservicio Delgado, que desde sus inicios en 1927 por don Anselmo Delgado, que adquirió un colmado anterior de Pedro Calzado,  hasta el año 2013 en que jubiló su nieto y continuador del negocio, Francisco Anselmo Fernández Delgado, conocido en la ciudad como “Paco el cerillo”. Personaje sobradamente conocido en Badajoz por su participación y afición a los carnavales, además de firme defensor de la ciudad, y que tantos años dedicó a prestar un servicio en este bello lugar. En la historia de la plaza está, sin duda, la intervención de este badajocense.

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           Tras este bello recorrido por la plaza, en el que puede advertirse el arte histórico que acoge, vuelvo nuevamente al punto de origen en la Plaza de España, pero haciéndolo ahora por otra calle con historia. La calle de San Blas nos hace ver, de pronto, otro edificio que gratifica la vista. Es la Casa del Conde la Oliva, obra de Francisco Llanes de 1927. En la primera planta se divisan tres balcones, uno de los cuales está más decorado con molduras sobre el frontón con formas mixtilíneas, alfiz geminado y chapiteles. La puerta de acceso, formada por un arco de medio punto, se enmarca con dovelas de granito. El zócalo, los laterales de la fachada y las cornisas son también de granito. Finalmente, sobre la última planta asoma un torreón.

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             A mediados de la calle paro porque la mente me trae recuerdos de este Badajoz que tanto cambio ha experimentado. En este lugar, de esquina con la calle Arco-Agüero, se encontraba la estación de autobuses “La Estellesa”, empresa navarra que en su día cubría los servicios regionales y después con la localidad de Sevilla, de la que adquiría el popular nombre de “la sevillana”. Aquí, en este recodo se encuentra en mi mente la visión de esos autobuses saliendo por estas estrechas calles, símbolo claro de que la ciudad cubría su actividad en toda esta zona.

            En la misma calle destaca igualmente un edificio de principios del siglo XX, de estilo historicista neoárabe. En él sobresalen los balcones con arcos lobulados en las plantas superiores, enmarcados con molduras.

            Finalmente, en el número 1 de la calle San Blas se divisa la entrada al Museo Catedralicio. Los fondos del Museo se reparten por las salas que conforman las distintas dependencias de la Catedral Metropolitana de Badajoz Se trata de un Museo de titularidad eclesiástica y de fondos de carácter religioso. Es importante hacer mención a las obras del ilustre pintor del siglo XVI Luis de Morales, apodado el Divino y del que allí se conservan cuadros muy representativos de su obra.

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