Extremeños en la historia: el General Infante

         Hay personajes a los que la historia se resiste a darles el sitio que pudieran merecer por el acontecer de sus actos y que merecerían, sin duda, que quedara algún reflejo evidente para la posteridad. Incluso el tiempo puede incidir en que unos vean realzada su personalidad y otros, en cambio, vayan quedando olvidados y difuminados cada día un poco más.

         Ocurre que, de vez en cuando, surge alguna persona que revive al personaje, sea por seguir una línea de investigación o por algún hecho o circunstancia puntual que prende la mecha de la curiosidad para incidir en conocer más aspectos del protagonista. Y gracias a este trabajo nos llega información a quienes ajenos a la existencia misma de estas personas, ahora disfrutamos con la lectura para detectar cuanta ignorancia acumulamos.

        La profesora universitaria María Isabel López Martínez pone en mis manos una publicación que con el título de “El General Infante: un liberal en España y Bolivia”, centra la atención en la vida y obra de Facundo Infante, nacido en la localidad de Villanueva del Fresno (Badajoz), en 1787, fallecido en Madrid en 1873, a la edad de 86 años, y cuyo cuerpo fue embalsamado y enterrado en la basílica madrileña de Ntra. Sra. de Atocha. Un militar y político liberal español cuya vida abarca casi la totalidad del siglo XIX, que dividió sus ansias de libertad entre nuestro país y la nación boliviana donde colaboró con Sucre y Bolívar.

            No me resisto a recoger una entrada que recuerde a este personaje, al menos para ensalzar su propia hazaña, recordado y respetado en Bolivia y casi desconocido en España, aunque no faltaran referencias en los libros de Benito Pérez Galdós (lo cita en los “Episodios nacionales”) y Pio Baroja (se refiere a él como uno de los hombres del círculo de Espartero en su libro sobre el liberal Van Halen).

        En su juventud, tras cursar sus primeros estudios en Badajoz y Sevilla, al estallar la Guerra de la Independencia, se unió en 1808 a las tropas leales a Fernando VII, combatiendo en varios frentes, entre otros en las batallas de Talavera (1809), Chiclana y La Albuera (1811) y en el fallido asalto al castillo de Niebla. Fue hecho prisionero en el sitio de Valencia de 1812, aunque consiguió escapar poco después; también estuvo presente en los sitios de  Tarragona y Tortosa  (1813). Al término de la guerra ocupaba el empleo de capitán, habiendo sido condecorado por su notable participación en los enfrentamientos.

         Se inclinó a la defensa de las ideas políticas del bando liberal español, lo que supuso que le llevara a una condena a muerte por su oposición a Fernando VII y numerosos exilios que intentaban salvar su vida del largo alcance de la venganza del rey absolutista. Primero fue en 1819 cuando emigró al extranjero para volver luego en 1822 para ser elegido diputado por Extremadura, y combatir al año siguiente en la resistencia que el ejército español presentó contra los cien mil hijos de San Luis en la provincia de Cádiz.

        La derrota de las fuerzas españolas y la restauración del absolutismo le llevaron a emigrar nuevamente, en este caso a las colonias americanas. Cuando Infante llegó ya se había consumado la independencia de la República de Bolívar de España, pero su amistad personal con el general Sucre le valió ser nombrado ministro del Interior en 1826.

IMG_6305

          Regresó al acogerse a la amnistía de 1834. Fue elegido diputado por Badajoz en 1836, 1837 y 1839, desempeñando en septiembre de 1837 el cargo de ministro de Guerra durante la enfermedad de su titular. Senador por Castellón y mariscal de campo en 1840, fue nombrado ministro de Gobernación en 1841-42.

        Nuevamente diputado por La Coruña en 1846, teniente general en 1848, senador vitalicio en 1849, diputado por Badajoz y Baleares, capital general de las islas baleares y director general de la Guardia Civil en 1854, simultaneó esos cargos con la presidencia del Congreso entre 1855 y septiembre de 1856.

         Finalmente, ocupó el cargo de senador por Badajoz en 1871, y comandante general de Inválidos desde 1872 hasta su fallecimiento.

       Como apunta la profesora López Martínez, el ascenso social del general Infante le impidió volver con frecuencia a la región que le vio nacer, aunque Extremadura se desliza con frecuencia en sus escritos y nunca rompió la relación con su familia, recibiendo con frecuencia en Madrid a su sobrino. «También procuraba ayudar a los extremeños que llegaban a Madrid y había en ese momento un grupo de personajes extremeños importantes, como Donoso Cortés, con los que se relacionaba».

       El polifacético escritor bolivariano Manuel José Cortés menciona a nuestro personaje diciendo que “otro de los oradores del gobierno era el ministro don Facundo Infante, de nación español: dotado de varia instrucción, amigo de las luces del pueblo, conocedor de los principios del sistema representativo, experto en la práctica de los negocios públicos, prestó al país importantes servicios”.

       El  geógrafo, naturalista, y viajero irlandés Joseph Barclay Pentland llega a decir de él que “Es amigo íntimo del general Sucre y después de este ilustre individuo ninguna persona ha contribuido en más alto grado a la actual prosperidad de Bolivia que el Sr. Infante”.

     Parece claro, por lo acontecido en su vida, que no es un extremeño al que pueda ni deba olvidarse.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s