Vila Viçosa, en la historia de Portugal

          Hace tiempo que me venían comentando las excelencias de una bella localidad portuguesa, cercana a la linde con España, en las proximidades de Badajoz y que, sin embargo, no había tenido la oportunidad de visitarla. Se trata de Vila Viçosa, que quiere decir villa exuberante, rica, fértil; una ciudad ubicada en las laderas orientales de la pequeña sierra de Borba, que en algún momento de la historia portuguesa adquirió su máxima relevancia al establecerse allí la Casa de Braganza, la última dinastía monárquica reinante en el país, circunstancia que permitirá dejar en el lugar una extraordinaria herencia cultural y patrimonial. La villa cuenta en sus alrededores con una enorme dehesa de dos mil hectáreas que servía en el pasado de reserva de caza.

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          Es momento de acudir a este recóndito lugar, y conforme te vas acercando, al mismo tiempo que vas viendo esas preciosas extensiones llenas de alcornoques y olivos, encuentras otro elemento espectacular. Las canteras de mármol abundan en sus inmediaciones (se dice que existen cerca de 160) y de ahí la abundancia con la que vamos a encontrar el llamado “oro blanco” en las construcciones existentes en la ciudad.

          Llegas así a un lugar que, desde que asomas a sus inmediaciones empiezas a sentir que el lugar reviste características singulares. Entre los numerosos naranjos y limoneros que abundan por todos lados, adviertes un urbanismo diferenciado: de corte versallesco en los alrededores del Palacio Ducal, y un trazado medieval en el resto de la villa, en torno a la inmensa praça de República, dominada por el castillo.

         Aquí tuvieron lugar acontecimientos de enorme relevancia política en la historia de Portugal y que llevarían hacia la independencia del reino con respecto a España. Se dice, por ello, que Vila Viçosa fue la patria de la Restauración de la Independencia portuguesa.

        Tras el paso de romanos y musulmanes, reconquistadas sus tierras en 1217, conformó un pueblo fortificado tras la construcción del castillo ordenada por D. Dinis. Pasó a pertenecer después, en el siglo XV (año 1461), al Ducado de Bragança (creado en 1442 para un hijo ilegítimo de João I). Casa_de_BragançaEs el segundo duque, don Fernando, quien mueve su corte para Vila Viçosa, un hecho relevante que provocó un gran desarrollo pues además de la casa ducal con sus familias llegaron un elevado número de funcionarios y sobre todo los rendimientos del vasto patrimonio de los Bragança extendido por todo el país. El impacto económico y cultural sobre la pequeña población fue espectacular, y es a partir de entonces cuando es objeto de los mayores cuidados urbanísticos. Se construyen conventos, iglesias, casas nobles que le dan un aspecto muy diferente de las poblaciones de alrededor. En 1502 el cuarto duque, don Jaime, inicia la construcción del Palacio Ducal. Se hace fuera de los muros de la población medieval, en un lugar donde abunda el agua y los olivares. Muchos, sobre todo los nobles y ricos les imitan y fijan sus residencias cerca del Palacio. Se urbaniza la zona en forma de cuarterones (manzanas) de grandes dimensiones ocupadas por las casas y sus respectivos jardines.

         Cuando se extinguió la dinastía de los Avis, doña Carolina de Braganza pretendió el trono portugués; pero hubo de desistir ante la invasión de Portugal por Felipe II de España, que hizo valer sus derechos por la fuerza (1580). John_IV_of_Portugal_originalPortugal quedó así incorporado a la Monarquía de los Austrias hasta que el VIII duque de Braganza, Joao IV, encabezó desde 1637 la conspiración de la nobleza portuguesa –apoyada por la Francia de Richelieu– que culminó en la insurrección contra Felipe IV de España en 1640. En 1641 reunió unas Cortes que le proclamaron rey de Portugal, fortaleciendo su posición derrotando a los españoles en la batalla de Montijo (1644).

         A partir de ese momento la Corte se traslada a Lisboa y Vila Viçosa deja de ser la residencia oficial de los duques. Muchas de las riquezas del Palacio Ducal se trasladan al Palacio de la Ribera de Lisboa, otras van para Mafra y Sintra. Pero en 1646 se produjo un hecho relevante:  João IV, en agradecimiento a la victorias bélica conseguida, coronó la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, que era adorada en la iglesia parroquial, y la declaró patrona de Portugal. Después de ese tiempo, los reyes de Portugal nunca más usaron la corona real.

        El palacio se remodeló a finales del siglo XIX convirtiéndose en uno de los preferidos por la familia real para sus temporadas fuera de Lisboa. Con altos y bajos, la Casa de Braganza se mantuvo en el trono hasta la caída de la monarquía en 1910, fecha de proclamación de la república. Con este movimiento político Vila Viçosa entró en declive, fundamentalmente por el deseo de los republicanos de hacer desaparecer todos los vestigios de la monarquía. Sin embargo, en la década de 1930, con la explotación de los mármoles y la apertura del Palacio Ducal para visita de los turistas, acontecimiento producido por voluntad de don Manuel II, la población ganó nueva vitalidad.

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        Aparco el vehículo en las inmediaciones del Palacio Matos Azambuja, más conocido como la Casa dos Arcos, un edificio de los más emblemáticos de la arquitectura civil local. Su construcción es de 1599, realizada por una familia noble de la corte, está inspirada en los palacios renacentistas italianos de esa época. Sobre la portada principal se eleva una galería de cuatro arcos. En la actualidad sirve de alojamiento turístico.

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          Y justo al lado se encuentra una fuente-abrevadero construida, como no, en mármol blanco de estilo renacentista del siglo XVI. Tuvo en su momento una doble función: dar agua para el jardín del palacio y servir de uso público.

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            Ya caminando, nos acercamos al Palacio Ducal, que sorprende por la explanada de cerca de 16.000 m² que le precede (conocida como plaza Terreiro do Paço), en la que luce la estatua ecuestre de Joao IV.

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     El Palacio, por sí mismo, luce en su fachada de 110 metros con sumo esplendor, revestida de mármol rosa de Estremoz. A un lado está la Capilla Real, y al otro el Convento das Chagas, ahora convertido en Posada. Y frente a la plaza, el Monasterio de los Agustinos, donde están enterrados los Duques de Bragança.

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      El palacio es un edificio inspirado en la arquitectura renacentista italiana, con tres pisos según los órdenes clásicos: dórico, jónico y corintio. De estilo manierista con inspiración clásica, sorprende por la sobriedad de líneas y el rigor geométrico.

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      El interior es opulento, pero lejos de sus días de gloria. Hay tapices flamencos, muebles portugueses y una galería de retratos de la familia. La entrada la hacemos por una gran escalinata de mármol que conduce al piso noble. En este lugar de entrada se representan, en tres paredes, las batallas del siglo XVI, como la toma de Azamor en el norte de África, en 1513, que fue un gran éxito de los portugueses mandados por don Jaime, Duque de Braganza. En el lado izquierdo se ve el desembarque y los preparativos, y enfrente la conquista de Praça.

        En el primer piso pasamos por distintas salas que muestran la grandeza del palacio, decoradas con riqueza de medios: tapices flamencos y franceses, azulejos portugueses, cuadros grandilocuentes (entre ellos, algunos pintados por el propio Carlos I).

       En los bajos del palacio se encuentra la cocina, donde en el siglo XIX se incorporó el fogón y el arca frigorífica, y entre lo que destaca la gran colección de utensilios de cobre.

      En el largo recorrido palaciego se pueden visitar también la capilla y el claustro (conocido con el nombre de “Don Jaime”, que describe el típico patio alentejano de numerosas casas solariegas), para concluir con tres interesantes museos: el de la Armería, el del Tesoro y el de los Carruajes (que acoge 40 carrozas, entre ellas la que en febrero de 1908 llevaba a la familia real, cuando sufrieron los disparos que acabaron con la vida del rey don Carlos y el principe heredero Luis Filipe).

       La salida la realizo por la Porta dos Nos (Puerta de los Nudos, de los entrelazados, cordones y ataduras). Se trata de un magnífico ejemplar de estilo manuelino, del siglo XVI, que representa el poder de la Casa de Bragança, en su extraordinaria robustez, con un espléndido nudo en lo alto y cuatro anillos/cordones laterales.

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        Pero existe también una Porta do Nó (Puerta del Nudo, de la ligazón, de la atadura), que es una especie de arco triunfal construido en 1654 para sustituir a otra anterior más humilde, que había estado en la Cerca Nova (la muralla que rodeaba a la población extramuros de la medieval), y que en 1939 fue reinstalada casi enfrente de la anterior. Recibe este nombre porque se construyó para conmemorar la “liberación del yugo, del nudo, con España” a raíz de la Guerra de Restauração. Es una exaltación de don João IV, como tal liberador “del nudo opresor”, al tiempo que un homenaje a la Inmaculada Concepción como “Padroeira” de Portugal.

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        Desde el Terreiro do Paço, caminando por la calle Dr. Couto Jardim o Florbela Espanca se llega hasta la avenida principal y la Plaza de la República. Aquí están los Paços do Concelho y el Palacio Sousa da Camara. A un extremo de la avenida se ve la Iglesia de San Bartolomé, edificio barroco y monumental que perteneció al colegio de los Jesuitas (las torres, sin rematar, le confieren aspecto de palacio); y en el lado este, se encuentra la vieja villa amurallada, con varias puertas y cubos de las muralla bien conservados.

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     Situada en el centro de esta avenida se encuentra la iglesia de la Misericordia, cuyo portal principal es un claro ejemplo de la arquitectura renacentista portuguesa, construido con pilastras y un arco de media puntal, destacando en el frontal los medallones antropomórficos. Enfrente, una bella fuente construida en el siglo XVII con un taque y la taza octogonal en mármol blanco de la región, con un tronco cilíndrico y sobre la taza una columna coronada con una bola.

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          A la entrada del castillo se encuentra el Pelourinho, por la puerta de la Torre. Es una picota de 8 metros de alturas, ciertamente espectacular, realizada en mármol blanco, con un pedestal decorado con cuatro ranas o monstruos híbridos; el fuste es de caliza azulada y en la punta se decora con la esfera armilar. Un claro ejemplo del estilo gótico de transición o manuelino. Con todo, la preciosidad de la obra no puede dejar atrás el recuerdo de lo que suponía, exhibición y muerte de reos.

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         En la puerta del castillo que mira hacia la expansión urbana de la ciudad se encuentra flanqueada por dos cañones del siglo XVII, utilizados en la Guerra de Restauración, que les llevó a independizarse de España en 1668. El resto del recinto es un vergel de flores, plantas, arbustos y árboles de todo tipo, surgidos y mantenidos gracias al microclima montañoso que allí se origina y al cuidado y mimo de la propia ciudad.

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       Las murallas, mandadas levantar en el siglo XIII por el rey don Dinis, fueron reforzadas con bastiones en el siglo XVII, y rodean todo el casco antiguo donde habitan aún buen número de familias, en casas primorosamente blanqueadas, de puertas con arcos ojivales y teja árabe. Su conservación es ejemplar, y pueden ser recorridas totalmente, permitiéndonos ver por entre sus almenas el hermoso paisaje de alrededor.

      En su interior se encuentra la Igreja de Nostra Señora da Conceição, construida sobre otra anterior en 1569, aunque fue remodelada en los siglos XVIII y XIX. El interior se divide en tres naves. En el centro se alza la capilla Mayor del siglo XVI. El retablo de talla dorada es del siglo XVIII, en el que destaca la figura de Cristo Muerto en la Cruz, y en sus pies la imagen venerada de Padroeira de Portugal, la Patrona, una imagen del siglo XIV que fue visitada en peregrinación por Juan Pablo II, como queda reflejado en la escultura que se incorpora a la explanada de la iglesia.

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    Del interior hay que mencionar la importancia que tienen los azulejos de las paredes, del siglo XVII, en cerámica policromada esmaltada. Representan motivos florales en azul y amarillo sobre un fondo blanco, ejecutados bajo las manos del maestro Álvaro Fernandes.

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          En el lateral se encuentra el cementerio, primorosamente cuidado, como todos en Portugal, dotado de una monumentalidad que nos habla del respeto y culto fúnebre heredado de siglos. En su interior descansan personajes famosos de la localidad.

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      El recinto amurallado integra el castillo artillado renacentista, rodeado de profundos fosos, en cuyas salas y corredores se encuentra un Museo Arqueológico, así como el Museo de la Caza, con armas y piezas cobradas por los duques de Bragança en todo el mundo.

      La vuelta por la Avenida de los Duques de Braganza nos lleva de nuevo al sitio de partida. En el recorrido no faltan distracciones propias de la belleza del entorno y las engalanadas calles que en tiempos de primavera florecen y brillan por su colorido, además de encontrarnos con bellos retablos católicos, tan peculiares como cuidados y frecuentes en la zona.

      Concluimos así una visita que ha respondido a las expectativas que tenía puestas. Un bello lugar con historia digna de recordar y con un cuidado entorno que merece disfrutarlo en todo su esplendor.

 

 

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