Por la península de Troia (Portugal)

      Hace ya años que no visitaba Portugal por la zona que comprende la península de Troia y a la que ahora he tenido la oportunidad de acercarme para pasar una corta pero grata estancia.

       Sobre todo porque he comprobado que los vecinos portugueses mantienen el respeto a la naturaleza y no acordonan este lugar por lo que, en otros territorios, sería objeto de máxima explotación turística. Quizás todavía no han llegado los meses claves de turismo veraniego pero, sea como fuere, simplemente por haber tenido la oportunidad de pasear por la playa en absoluta soledad, recorriendo varios kilómetros, y conocer el cuidado que se hace a sus parajes naturales, ha merecido la pena para que pueda ensalzar y seguir admirando a Portugal. Mi huella quedó plasmada en un recorrido único.

          Pero antes de ello hay que decir que para llegar al punto de estancia me sitúo en Setúbal, una ciudad que dista 50 kilómetros al sur de Lisboa, tradicionalmente industrial y portuaria. Sin ser un lugar especialmente turístico, el hecho de encontrar a sus alrededores zonas de sumo interés, como Sesimbra, la Sierra da Arrábida o la Península de Troia hacen que sea lugar de gran tránsito. A su mercado he acudido con entusiasmo para conocer las maravillas que el mar deja y degustar después lo que hemos podido adquirir.

        A Troia se accede en ferry cruzando el río Sado desde Setúbal, en el que igualmente podemos embarcar el vehículo. Un paseo sumamente agradable, dándote en la cara el suave viento que traía consigo el agradable olor a mar, y en el que pudimos ver a esos delfines que tanta admiración producen con sus saltos alrededor del barco. Un reconfortantes paseo que deleita a pequeños y mayores. El tránsito del ferry es, en este tiempo, cada media hora.

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      Lo que encontramos en Troia es una inmensa playa situada justo en la desembocadura del río Sado, con lados fluvial y marítimo. Una arena llamativa por su blancura y finura que nos brinda un deseo ferviente de pisarla y caminar por las inmediaciones. Un agua de temperatura tolerable y con tanta extensión (unos 17 kilómetros de longitud) como para que, incluso en épocas de pleno apogeo de visitantes no parezca que se tenga que pasar excesivo agobio. La anchura de la península es de 1,5 kilómetros, rodeada por ese color azul de las aguas que le convierte en sitio privilegiado. Eso sí, en las playas no encontraremos esos chiringuitos que estamos acostumbrados a ver en España, aunque no faltan ya proyectos de incorporar futuros restaurantes.

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       En el interior de la península se encuentran visibles unas ruinas romanas que no tuve oportunidad de visitar. Hay que tener en cuenta que Troia fue muchos siglos un lugar dedicado a la salazón y conserva del pescado, y a las labores de pesca en general.

     En el recorrido que podamos hacer por la franja interna podemos advertir la existencia de variadas infraestructuras y servicios de alojamiento, restauración, campos de golf, entre otras muchas zonas residenciales de especial belleza.

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        Hay que destacar que las especiales circunstancias que concurren en la zona, por la proximidad con zonas naturales como el Parque Natural de la Sierra de Arrábida, la Reserva Botánica de las Dunas de la Península de Tróia o el Estuario del río Sado, propician escenarios de gran belleza que reúnen, además, las mejores condiciones para la práctica de variadas actividades de turismo y ocio.

       Al otro lado de la península está Comporta, una pequeña aldea donde se encuentran algunos hoteles y variados restaurantes donde saborear platos con el ingrediente básico del arroz. La playa es de arena mucho más gruesa que la de Troia pero, a cambio, permite que pueda comerse bien en uno de los dos principales restaurantes que se ubican en la misma. Eso sí, para conseguir mesa hay que estar prestos a la reserva previa.

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   Con mi aportación fotográfica espero brindar la oportunidad de conocer el entorno que, como antes decía, merece la pena disfrutarlo con la siempre maravillosa compañía de la familia. El lugar es propicio para ello.

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