De nuevo, Semana Santa

Un nuevo período recordatorio nos llega en la concebida como Semana Santa y que muchos aprovechan para hacer algo distinto a vivir los momentos de la pasión. Creyentes o no, las carreteras y las agencias hacen caja con los viajes a los sitios más dispares, para los que buscan la distracción, el descanso, el jolgorio que tanto apetece al humano por aquello que llevamos vidas estresantes que merecen la recompensa que da, en este caso, unas fechas que para los más incrédulos ―y hoy día abundan― vamos a sentirla como semana primaveral o cualquier otra elucubración mental de las que estamos acostumbrados a ver y oír. Simplemente para no tener que dar el visto bueno a eso que supone lo santo, al cristianismo que no se quiere vincular más que a épocas donde la iglesia hacía sus estragos.

El caso es que eso de las procesiones supone para algunos, por no generar un conflicto donde no se sabe a ciencia cierta quienes pueden ser de un bando o de otro, un simple sentido cultural de arraigadas costumbres y que es lo que les hace mirar para otro lado y no sucumbir ante la afrenta que pudiera ser oponerse a tan venerado período vacacional. Incluso muchos creyentes vividores de los momentos procesionales se enaltecen y buscan el lujo y el reconocimiento regional, nacional o internacional de su festiva Semana Santa, en la enconada lucha por sobresalir y ser los mejores.

Pero la esencia de lo que acaece para aquellos creyentes que puedan o no estar en los sitios de residencia es que se vive una semana de pasión, de recordar esos momentos donde un judío llamado Jesús, con las alforjas vacías y con el corazón lleno de bondad, padeció las consecuencias de su locura verbal, de su predicamento que tanto fastidiaba a los sacerdotes de entonces y que hicieron cuanto estuvo en sus manos para acudir a unos romanos perplejos por lo que acontecía, participando finalmente todos del juego del odio y la crispación más acérrima hacia un ser humano, para sacrificarlo con la crudeza más aterradora. Sin resquemor y sin sentido de conciencia humana.

Vivir la Semana Santa es algo más que mirar unos preciosos pasos engalanados para deleite popular, o para divertirse lo máximo que se pueda en los sitios más estrambóticos, pues lleva implícito el recoger por algunos días esa cruz que tanto supuso para Jesús y que se simboliza en la que cada uno llevamos a cuesta por el propio acontecer de lo cotidiano. El simple hecho de recordar y reflexionar, aunque lo sea desde la hamaca de una playa, en el crucero más espectacular, o en la segunda residencia, es motivo suficiente para vivir el espíritu que impregna la Semana Santa. Nuestro interior agradecerá ese instante de acercar la mente a lo que supuso ese sacrificio, porque si bien perdonar es un acto significativo de benevolencia humana, olvidar sin aprender es el peor pecado que puede cometerse. El pasado es aprendizaje, y este presente es un momento especial para cargar pilas no solo físicas sino también psíquicas, en la espiritualidad que pudiera acercarnos a ser mejores personas y menos crueles con el prójimo.

Vivamos, pues, la intensidad de una semana que para todos servirá de mejora y para olvidar un poco ese cruel entorno que nos envuelve, sea de padecimientos y enfermedades no queridas ni buscadas, de odios y rencores acérrimos, o de maldad conflictiva y bélica propiciada con alevosía y que, si acaso, servirá para recordar hasta los extremos que puede llegar el ser humano. Aprovechemos los momentos para mejorar, aliviar lo que nos aprisione, y ayudar a sostener las cruces a cuantos lo precisen. Vivamos la Semana Santa.

2 comentarios en “De nuevo, Semana Santa

  1. Estimado amigo Chano. Buenas y sustanciosas reflexiones las que nos propones,
    Desde hace ya muchos años se ha ido perdiendo ese modo de vivir la Semana Santa que nos legaron nuestros mayores,
    Tengo que reconocer que no viene nada mal salir de la rutina cotidiana,
    Lo cual no impide, que, también de algún modo, hagamos lo posible por recordar ese acto sublime de AMOR de JESUS, de su entrega al sacrificio para redimirnos de los pecados y abrirnos las puertas de cielo. En definitiva hacernos hijos de Dios por la gracia del perdón.
    Las procesiones y otros actos religiosos tienen sentido, si con corazón humilde y veraz asumimos lo que significó para toda la humanidad la primera Semana Santa.
    Y sobre todo lo que nos da la esperanza para la eternidad: ¡¡¡ CRISTO RESUCITADO !!!
    Feliz Semana Santa y Pascua de Resurrección.

    Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s