Badajoz y sus jardines (III)

         La creación artística se proyecta en las ciudades con especial intensidad en sus calles y jardines. Badajoz presenta una variedad encomiable de jardines y acudo en mis paseos a sus brazos para imbuirme en sus encantos y favorecer una completa relajación. Me paro, miro alrededor y saboreo su luz, al mismo tiempo que también me permito recordar vivencias anteriores, y esos seres queridos con los que he tenido ocasión de disfrutar en estos recónditos lugares.

         En esta ocasión mi relato está ceñida a dos áreas ajardinadas distintas entre sí, una con mucha historia, permitiendo que el centro de la ciudad rompa la perspectiva de edificios y asfalto para visionar plantas y disfrutar de alguna de las siempre existentes actividades culturales y de ocio que se programan en su interior: el Paseo de San Francisco. Otra, más moderna y reciente, en un barrio existente tras cruzar el rio, San Fernando. Los dos lugares tienen su propia vida e historia.

Los Jardines de la Plaza y Paseo de San Francisco.

        El que fuera Convento de San Francisco fue erigido en el siglo XIV y desamortizado en 1835, ocupado en sus inicios por los observantes (colectivo que llevaba una vida apegada a la regla de San Francisco), y después por jesuitas. La exclaustración general producida en 1835, y el hecho de que Badajoz fuera cobrando relevancia como plaza militar, a pesar de lo cual carecía de una buena dotación de cuarteles, supuso que en el siglo XIX se dispusiera de una magnífica oportunidad para poner en servicio los edificios conventuales.

         El conjunto del convento convertido en cuartel fue destruido, y su amplísimo solar dividido, de la que únicamente quedó la iglesia de San Juan Bautista, que ocupaba la capilla del convento del siglo XIV y que fue levantada costeada por el monarca Juan V de Portugal con motivo de la boda de su hija Bárbara de Braganza con Fernando VI.Facebook-20160221-094034 Esta Iglesia fue objeto de reforma para su restauración, en el año 1960, conforme al proyecto del arquitecto Carlos Fraile Casares que le añadió la actual torre. El espacio ocupado como cuartel por el Regimiento de Infantería de Castilla fue derribado igualmente en 1960, para construir la Delegación de Hacienda. Y con la división por medio de una calle intermedia, otra parte de la edificación del convento fue derribada para albergar las dependencias de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz y Banco de Santander.

        El antiguo huerto del Convento de San Francisco se recuperó como lugar público en 1836, en unos primeros jardines que se debían a la iniciativa del Gobernador Militar don Juan Gonzalo de Anleó, y por ello al lugar se le conoció durante algún tiempo como Delicias de Anléo. Tenía una hectárea, y estaba delimitado por palmeras y poblado por plátanos de indicas, cinamomos, y especies similares. Atravesando el paseo, se encontraba el Parque de Ingenieros, que fue igualmente demolido para situar un centro comercial, inicialmente conocido por Simago y con posterioridad pasando a otras firmas.

       Con posterioridad, a mediados del siglo XIX, el Paseo de San Francisco presentaba una apariencia de quedar integrada en un cerramiento de madera, mediante el oportuno vallado, y en su interior se conservaba aún la antigua noria del convento y un templete de madera que fue sustituido en 1894 por el actual quiosco de hierro de la música. La construcción de este quiosco se realizó en la misma ciudad, en los talleres de Fernando Bigeriego y costó 4.500 de las antiguas pesetas.

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       De 1850 aún se conservan algunas farolas de estilo fernandino, conservando su fecha de realización, 1832, y el emblema del rey Fernando VII.

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        En 1902 se colocaron las grandes palmeras que siguen siendo uno de los elementos más bonitos del paseo, junto con los enormes plátanos que se plantaron con motivo de la remodelación de 1929.

1958

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1928

        En 1927 se produjo la reforma del recinto, añadiendo ocho bancos cerámicos con hermosos dibujos que recreaban escenas de la conquista americana, de Balboa, Cortés y Pizarro, y dos fuentes y dos quioscos.

         La guerra civil también incidió en este entorno. Tras este desastroso período, el aspecto del paseo era lamentable hasta que, como no, una vez más aparece el ingenio de Antonio Juez que lo convirtió en un auténtico vergel en el que alternaban los parterres de césped y flores de temporada con las enredaderas que se encaramaban a los troncos de frondosos árboles, con los paseos empedrados con cantos de río, y las fuentes y los estanques poblados de patos y de peces.

1950

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         El Paseo de San Francisco se convierte desde mediados del siglo XX en el centro neurálgico de Badajoz, el lugar de paseo de moda donde jóvenes y mayores disfrutaban dando vueltas a su alrededor o sentarse para acariciar la belleza del entorno, y lugar preferido para que los niños jugaran.

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       En mis años de infancia y juventud, San Francisco era para mí un referente que nunca podré olvidar. Primero, acudiendo con mis padres a jugar en su interior y divisar esos patos y peces que tenía alrededor del quiosco de la música. Y nunca desaparecerá de mi mente la imagen de mi padre, con la Banda Municipal de Badajoz, dando esos fabulosos conciertos todos los jueves. A buen seguro que todo pacense que tenga una cierta edad recordará estos instantes, como también en los años en que amigos y amigas se citaban en este lugar, paseaban a su alrededor y disfrutaban de los bailes que se organizaban en las ferias de San Juan. Unos recuerdos inolvidables.

       Pero el año 1977 fue fatídico para este entorno. Una obra hecha sin sentido arrasó con todo lo que podía de este bello entorno, eliminando fuentes y los famosos bancos cerámicos que lucían en su interior. Las losetas de terrazo a lo largo de todo el trayecto daban una calamitosa imagen que no merecía la Badajoz, y los ciudadanos propiciaron desde ese instante una deseada restauración que vino de la mano del Alcalde don Miguel Ángel Celdrán Matute, que en 1995 acometió las obras de rehabilitación que consiguieron que el paseo recuperara un aspecto parecido al que había diseñado Antonio Juez, aunque incorporando los elementos de funcionalidad necesarios que permite estos momentos, sin perder el romanticismo primitivo del lugar.

       En esta reforma se restaura el quiosco de la música, los dos quioscos de la prensa y los ocho bancos de azulejos, con la reconstrucción de las pinturas murales originarias realizadas por el artista pacense Estanislao García Olivares. Asimismo, los dos nuevos quioscos de bebidas adquieren una mayor dimensión a los anteriormente existentes, con una perfecta sintonía para integrarlos en el conjunto.

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     Podemos decir, con ello, que San Francisco se convierte así en el corazón de Badajoz, rodeado de una gran actividad comercial, financiera y de ocio. A cualquier hora que se visita podrá verse que los ciudadanos están presentes, convencidos de que el lugar tiene el sabor de antaño.

El Parque de San Fernando.

        El barrio de San Fernando, también llamado de La Estación, se sitúa en la margen derecha del río Guadiana a su paso por Badajoz. Es, actualmente, uno de los barrios más poblados de esta ciudad.

       El pulmón del barrio lo constituye el Parque de San Fernando, ejemplo de ajardinamiento moderno. Debe su nombre, como resulta fácil advertir, a la barriada en la que se asienta.

        Este parque se concibió como una zona verde que rompiera la continuidad de edificaciones que venían desde los origines de la barriada, alrededor de la estación de ferrocarril, avanzando hasta el Seminario Diocesano. Al mismo tiempo, dotaba a la barriada de un lugar de esparcimiento y  descanso para jóvenes y mayores. Aparece así dotado de amplios paseos arbolados, fuentes, zonas de juegos infantiles y pequeña cancha polideportiva. Los expertos señalan que el lugar tiene una concepción pragmática, que sacrifica en demasiadas ocasiones la utilidad a la estética, de manera que, en la obra final, resulta muy difícil resaltar alguna singularidad que la defina.

          El proyecto del parque fue redactado por Jesús María Goldearacena y su ejecución se aprobó por el Ayuntamiento en pleno celebrado el 30 de mayo de 1988. El presupuesto de ejecución por contrata fue de 50.353.000 pesetas.

         En su interior puede advertir una escultura del que fuera alcalde de Badajoz, don Manuel Rojas. Una obra realizada por suscripción popular y que fue erigida como homenaje a su memoria por los vecinos de la margen derecha del rio Guadiana, en perpetuo agradecimiento por la ayuda que había mostrado en los momentos en que estuvo al frente del consistorio municipal.

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        La obra consiste consiste en un torso de Manuel Rojas con la mano derecha apoyada en el pecho a tamaño un tercio mayor que el natural y fundido en bronce. Colocada sobre una peana en piedra de granito sin labrar. A media altura figura esculpida la siguiente leyenda: «Badajoz a su alcalde Manuel Rojas Torres 1983-1991». El conjunto alcanza una altura de 2,5 metros. La figura ha sido realizada por el artista Estanislao Carcía Olivares, autor de otras tres obras escultóricas repartidas por la ciudad.

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