Badajoz y sus Plazas de San Agustín y Santa Ana

            El paseo que realizo me lleva a visitar unos lugares de relevancia histórica por constituir parte de la historia de Badajoz, además de ser entrañable para mí por lo que supone recordar momentos de mi infancia. Transito por el casco antiguo de la ciudad y me sitúo como punto de partida en la Plaza de la Soledad (ver entrada: Badajoz y su Plaza de la Soledad.). Sigo por la calle José Lanot Moreno, referida al que fuera “sacerdote ejemplar 1869-1941”, y que según indica la placa que figura en la Iglesia que veremos en la plaza próxima, regentó como párroco de la misma durante 38 años. Una calle que habré recorrido infinidad de veces viendo, de un lado, ese lateral de la enorme edificación fortificada que en su momento albergó la sede del Banco de España en la ciudad, y hoy es Conservatorio Superior de Música; de otro, ejemplos claros y evidentes de viviendas que resaltaran en los momentos en que toda esta zona constituía el centro de la ciudad.

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            Llegamos así a una plaza que hoy queda bastante reducida por la delimitación y cerramiento que tiene en torno a la Iglesia que la preside, y que en los días de mi infancia y juventud en que vivía en sus cercanías se encontraba abierta, para regocijo de los niños, y que constituía un paso casi obligado para los pacenses. Estoy en la denominada Plaza de San Agustín, nombre que viene del que fuera en su momento centro conventual, construido en el siglo XVII y exclaustrado en 1820 pasando a formar el Cuartel de San Agustín, y que fue ampliado con diferentes construcciones militares. Y por la Iglesia que se construye a su lado en el mismo siglo XVII sobre otra anterior, la Iglesia de San Lorenzo (del siglo XV), que a su vez posiblemente se levantó sobre una mezquita del período musulmán. Esta nueva construcción contó con el mecenazgo de Gome Hernández de Solís, el mismo que construyera más tarde el convento de Santo Domingo, y la convierte en “Patronato de los Caballeros de Solís”. En 1787 se trasladó aquí la Parroquia de Santa María del Castillo, primitiva catedral de Badajoz, que se encontraba arruinada en la sede que tenía en el recinto de la Alcazaba. La iglesia se convertía así, y durante el tiempo de plenitud del convento, en capilla de este último.

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Distintas imágenes de la Plaza en el tiempo. Puede advertirse el cambio desde los años 1920 y 1930 (a las que corresponden las dos primeras) y las actuales de 2016.

            Tras la expulsión de las Órdenes religiosas en 1820, la iglesia continuó abierta al culto, hasta que en 1843 se le asignó como sede de la actual parroquia de “Santa María la Real”.

             Tras esta referencia histórica que parece necesaria para adquirir un cabal conocimiento del lugar en que ahora piso, he de decir que la plaza queda en la actualidad presidida por la Iglesia de Santa María la Real o San Agustín, conocida por los dos nombres aunque la mayoría popular la reconozca por el último. Como decía, sus inmediaciones presentan un cerramiento que delimita el terreno parroquial aunque supone que quede cercenada la expansión con la que se viera en su momento. El templo religioso abarca parte también de la cercana calle Chapín, por donde se encuentra una entrada directa a la Sacristía.

            Las vivencias que he tenido en este entorno durante mis primeros años de vida hacen que sea para mí algo especial recorrer el lugar. Una iglesia donde fui bautizado, hice la primera comunión y acudía con mi padre asiduamente, amén de otros acontecimientos menos agradables, pero que hacen que cuando entro en este sagrado lugar me resulte todo tan familiar. Referirme a ello en este relato me supone revivir instantes mágicos.

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           Presenta la iglesia dos portadas, una a los pies que está cegada, pues a ella se adosó el antiguo cuartel de infantería de San Agustín, y otra en la plaza que da al lado de la epístola. La fachada presenta una muestra destacada, construida en el siglo XVII en mármol blanco y de estilo clasicista. Dispone de columnas estriadas sobre pódium, con fustes acanalados y capiteles jónicos, y rematada por una hornacina que contiene una estatua de San Agustín, enmarcado con pilastras y frontón triangular con pináculos en relieve. Puede observarse, a los lados de la parte superior, los escudos de la ciudad de Badajoz y el del Obispo agustino Fray Agustín Antolinez.

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Una fachada con historia

          La construcción presenta contrafuertes exteriores y cabecera poligonal sobre la que se levanta una pequeña espadaña. Se completa con una esbelta torre que ha sufrido algunas alteraciones, y con una cúpula. Existe la teoría de que este torreón podía ser el minarete de la mezquita mayor de Badajoz en época musulmana. Es de dos cuerpos, incluido el de campanas, y dos arcos de medio punto en cada frente. Desde este campanario se divisan unas vistas preciosas de los alrededores.

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   Vista panorámica desde Iglesia de San Agustín

         Interiormente la iglesia de San Agustín es una de las más destacadas de la ciudad. Se compone de tres naves. El coro se sitúa a los pies de la iglesia y la gran nave central se cubre con bóveda de cañón y de nervios.

  Interior de la Iglesia de San Agustín

           El retablo mayor data de 1818, pintado de estilo neoclásico, está presidido por una imagen de la Virgen Sedente con el niño, policromada del siglo XVI, siendo de la misma época la que remata el conjunto y adornándose las calles laterales con pinturas al óleo de Antonio Lucenqui, que representan a los “Cuatro Padres de la Iglesia“: “San Ambrosio“, “San Agustín“, “San Gregorio” y “San Jerónimo“. En el remate, otra imagen de la Virgen policromada del siglo XVI. A ambos lados del presbiterio están colgadas dos pinturas sobre lienzos -bastante deteriorados- con los temas de la “Aparición del ángel a San Pedro en la prisión” y “David vencedor de Goliat“. Esplendidos bustos de enterramientos se hayan en el presbiterio, el del Marqués de Bay (+1715) y don Juan Antonio de Almesaga (+1716).

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  Retablo Mayor y laterales del Presbiterio

           Aquí recibieron sepultura otros destacados personajes y nobles de la ciudad desde el siglo XVI, conservándose sus lápidas y escudos nobiliarios labrados, como el de  Diego Suárez de Figueroa y el de Fernán Gómez de Solís, primer Duque de Badajoz.

            La decena de capillas laterales que cuenta, atesoran gran número de imágenes, retablos, azulejería, pinturas de Estrada, Mures, la virgen policromada del Pajarito, la imagen de la Virgen con el niño de la primitiva Catedral, la de Fray Martín de Porres -al que en mi infancia me encomendaba asiduamente- y la estampa de la Beata Rafaela. Destaco la capilla que acoge las imágenes titulares de la “Hermandad del Santo Entierro”: la imagen de vestir de la “Virgen de las Lágrimas” y la vitrina que contiene al “Cristo yacente” en madera policromada, completándose con la imagen del “Crucificado“, de principios del siglo XVII, igualmente en madera policromada. Más recientes han sido las incorporaciones de las imágenes del “Cristo de la Caridad en su Sentencia” y “María Santísima de la Aurora“, de la hermandad y cofradía del mismo nombre.

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 Interiores de la Iglesia de San Agustín

          Entrar en la Sacristía de la Iglesia es recrearse igualmente con la historia que desprende. Entre los elementos a destacar se encuentra una pila lavamanos (siglos XV, XVI, XVII), aguamaril en mármol blanco ovalada y gallonada, de poca profundidad, encastrada en el muro con un frontis con dos grifos y remate curvo con una gran piña.

  Sacristía de la Iglesia de San Agustín

         Junto a la iglesia se ve un claustro, que es el menor de los dos que se levantaron en el siglo XVII. Este espacio, que fue cuartel militar y sede de juzgados, tras dejar de cumplir estas funciones, durante muchos años quedó sumido en la ruina y el abandono. Tan es así que en los años ochenta del siglo pasado estuvo a punto de sucumbir con su total derribo pero, afortunadamente, las protestas vecinales permitieron que no siguiera adelante el atropello y restaurado en lo que se pudo pues  ya había sufrido daños considerables por su derribo parcial. En la actualidad no tiene aún ningún uso específico y  se encuentra cerrado a cal y canto al público. Sólo se conserva parte de la galería perimetral abovedada en planta baja que lo define, formada por bóvedas vahídas apoyadas sobre pilares circulares de ladrillo macizo.

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  Claustro menor del Convento

         El otro claustro del convento, el claustro mayor, tiene entrada por la calle Chapín, albergó el colegio San Pedro de Alcántara una vez perdido el uso militar. Desde hace años está sin uso, y degradándose rápidamente. El aspecto más notable de este claustro son sus 24 columnas de mármol blanco, actualmente ocultas bajo el enlucido. Es uno de los edificios históricos más grandes de la ciudad, al tener más de 2000 m2.

Antiguo Colegio San Pedro de Alcántara.Foto: J.V. Arnelas

  Claustro mayor

          La plaza no cuenta con mayores referencias monumentales, con viviendas a su alrededor en las que se ve palpablemente el paso del tiempo y los cambios experimentados. En el recuerdo queda ese Ultramarinos Jiménez, al que solía acudir con mi madre; y a propietario, Luis Jiménez, que siempre me entretenía con la degustación de alguno de sus exquisitos productos.

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Imágenes del lateral de la plaza en el tiempo de Ultramarinos Jiménez

           Sigo el recorrido que me propongo por un nuevo tramo de la calle José Lanot,  hasta la calle perpendicular de José Terrón, que tomaré para dirigirme a la siguiente plaza. En este trayecto nos encontramos con la construcción más reciente del Colegio de San Pedro Alcántara, en lo que antes era la llamada “Casa de todos”, un lugar de asistencia social y que en momentos de crecidas del río Guadiana, cuando su caudal producía estragos en períodos invernales, acogía a los vecinos de la ciudad que habían visto sus viviendas anegadas. Y en la misma esquina de ambas calles también se advierte el recuerdo de un bar que albergaba la Sociedad de pesca Amigos del Guadiana.

 Imágenes de antaño con la visualización de la “Casa de Todos”

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Actual recorrido de la calle José Lanot, con el Colegio Público “San Pedro de Alcántara”

                Tras recorrer la estrecha calle de José Terrón se abre una plaza de dimensiones reducidas, conocida popularmente por la plaza chica y que tiene su nombre propio: la Plaza de Santa Ana. Un lugar emblemático que está muy presente en el imaginario de los pacenses ya que décadas atrás este espacio estaba inundado por el griterío de tenderos y el bullicio de vecinos haciendo sus compras. Aquí nos encontramos con un edificio que albergó en su momento a un mercado y que, en la actualidad acoge a la Biblioteca Municipal de Badajoz. Este edificio está considerado como la construcción más relevante del racionalismo de la capital pacense, erigido en el año 1937, y es un fiel testigo de las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, con estructuras en forma de cubo y su color blanco. Durante años ha estado en desuso y recientemente (años 2009 y 2010) ha sido restaurado para albergar la aludida Biblioteca y un centro cívico. Destaca por su estructura de dos plantas en forma de cruz latina.

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Evolución en el tiempo de la “Plaza Chica” y actual “Biblioteca Municipal”

              El último trayecto de este grato paseo lo hago por la calle Duque de San Germán hasta llegar nuevamente a la Plaza de la Soledad. En este camino hay que reparar necesariamente en el Real Convento de Santa Ana, de clarisas descalzas, que es uno de los tres únicos que se conservan de los ochos femeninos y séis masculinos con que llegó a contar la población en el siglo XVIII. Destaca, sin duda, por el color que tiene que realza sus características singulares. Y es que el color blanco que antes predominaba en los muros de esta edificación del siglo XVI (el convento se fundó en 1518 por doña Leonor Laso de la Vega y Figueroa, miembro de la noble familia pacense de los Figueroa, Duques de Feria) fue sustituido por un tono marrón anaranjado que ha hecho que recobren mayor realce algunos de sus elementos, amén de que esta restauración permitió que quedaran evidentes diversos dibujos y figuras geométricas en algunos puntos de la fachada, que fueron recuperados (fundamentalmente es en el campanario del torreón el lugar en el que mejor se contemplan estas formas, aunque también se han conservado algunos de estos hallazgos en el frontal de la calle Duque de San Germán). En la fachada principal se han realizado formas rectangulares que imitan un muro de sillería.

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  Real Convento de Santa Ana (c/Duque de San Germán)

         La torre es el elemento arquitectónico que mejor se divisa desde las inmediaciones, eso sí desde el punto en el que confluye con la calle de Santa Ana.

  Real Convento de Santa Ana (cruce calles Duque de San Germán y Santa Ana)

          Cada una de las dos fachadas principales que tiene cuenta con sendos escudos que la adornan. Uno de ellos está situado en la calle Duque de San Germán desde el año 1724. Está labrado en cantería y representa el escudo de la orden de las Clarisas. El otro, sobre la puerta de acceso a la iglesia, muestra las armas del rey Carlos III y fue colocado en 1771, cuando el monarca otorgó el título de “Real” al monasterio de Santa Ana. La distinción se debía a que la reina Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II, fue enterrada en su interior tras morir embarazada de siete meses en la ciudad. En ese momento acompañaba a su marido, que se encontraba en Badajoz para hacer valer sus derechos al trono de Portugal.

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            El templo contiene importantes obras de arte en tallas, pinturas y retablos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Mención especial merece el magnifico retablo mayor realizado en el siglo XVII en madera tallada y dorada al estilo barroco. Contiene la histórica imagen de la “Virgen de las Virtudes y Buen Suceso“, obra del siglo XVI, considerada durante siglos “Patrona de Badajoz”, con anterioridad a la Virgen de la Soledad, y era conocida popularmente como “Morenita Antigua”. El propio Rey Felipe II se deleitaba componiéndole “motetes” durante su estancia en Badajoz.

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Interior Iglesia Santa Ana

          En los laterales del presbiterio se han empotrado dos lápidas funerarias, que antes estuvieron en el suelo, labradas en mármol en 1583, pertenecientes a don Cristóbal de Fonseca y su mujer, doña Beatriz Manuel, patronos del Convento.

            De su interior hay que destacar, sin duda, el precioso claustro mudéjar con pinturas de los Estrada y los Mures (siglos XVIII y XIX) y las importantes obras que alberga en su museo religioso. tiene cuatro crujías que se cierran con arcos escarzanos. 

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  Claustro Convento de Santa Ana

         En estas inmediaciones también se encuentra una de las fachadas que dan acceso al conservatorio superior de música, reformada a la par que se hiciera la del Convento y la Plaza de Santa Ana. Estas circunstancias propician un entorno ciertamente atractivo y digno de ver para recrear nuestro fin del paseo.

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Conservatorio de Música (c/ Duque de San Germán)

 

 

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