Entre lagares y dehesas: la magia de caminar hacia el Mirador de Serrezuela

Con el Club del Caminante de Badajoz he tenido la suerte de disfrutar de una nueva ruta en las inmediaciones de la localidad cacereña de Herguijuela. Partimos desde este entrañable municipio guiados por Luis Manuel Lumbreras y Pilar Trinidad, grandes conocedores de unos parajes que, en ciertos puntos, no resultan nada fáciles de seguir sin la pericia de quienes dominan el terreno que se pisa. No en vano la Federación Extremeña de Montaña (FEXME) indica que el sendero ha llegado a tener tramos deshomologados debido a la falta de mantenimiento en su señalización; y es que, a veces, la vegetación se vuelve tan exuberante que abraza el camino y oculta por completo el trazado.

Desde Herguijuela abordamos el primer tramo por un camino de cemento flanqueado por pequeñas y cuidadas parcelas de olivos, para rápidamente afrontar una fuerte pendiente ascendente hacia la Sierra de Lagares. Durante la subida, caminamos arropados por una rica vegetación autóctona de jaras, retamas, encinas, madroños y almendros. A lo largo de la marcha van saliendo al encuentro antiguas fincas y construcciones tradicionales conocidas como lagares (La Florentina, San Antonio o Valdecilla); edificaciones históricas que antiguamente se usaban para la obtención de aceite y vino, y que hoy forman parte del alma y el turismo rural de la zona. Así, accedemos a la parte trasera de las bodegas Granadas Coronadas, que cultivan con mimo en estas tierras la apreciada uva con la que elaboran sus afamados vinos.

Poco después giramos a la izquierda para llegar a las acogedoras fincas de las casas rurales Santa Marta y Santa Teresa. Tras pasar junto a la recepción y el aparcamiento, hay que estar muy atentos para realizar un giro brusco a la izquierda; una preciosa variante que, sin un buen guía al frente, puede pasar completamente desapercibida.

Entre alcornocales seguimos ganando altura por una estrecha calleja, flanqueada por una tapia de piedra bien conservada y cubierta de musgo y ombligos de Venus —esa curiosa planta suculenta de gran valor no solo para la etnobotánica, sino también para la medicina natural y la gastronomía silvestre—. Curiosa y agradable es la imagen que prestan unos asnos viviendo alegremente en una finca que les permite expansionarse. Entre la vegetación oteamos el municipio de Madroñera y, más alejado, Trujillo, sin perder desde las alturas la hermosa panorámica de las bodegas Granadas Coronadas y de las sierras de Pedro Gómez, Garciaz, Matavacas y la zoriteña sierra de La Peña. Un auténtico regalo para la vista.

Retomamos la senda y ascendemos una exigente pendiente con un desnivel cercano al 30% hasta alcanzar las antenas situadas en la cima de Los Lagares. Siguiendo unos metros más, y tras superar una verja que delimita la finca, alcanzamos por fin el ansiado mirador. En este punto, las vistas son sencillamente soberbias. Subidos a unos bloques graníticos, ante nuestros ojos se despliega un bellísimo mar de miles de encinas. Destaca con fuerza la Sierra de Santa Cruz (con el Pico de San Gregorio), que rompe con su afilada silueta el conjunto adehesado, concediendo al lugar un encanto verdaderamente especial. Más allá, la mirada se pierde en el Cancho Blanco y la Sierra de Montánchez. Todo un deleite para los sentidos que compensa con creces cada gramo de esfuerzo invertido para alcanzar la cumbre.

Tras habernos recreado con el paisaje y respirar la paz del entorno, emprendemos el regreso. La bajada es exigente y termina dejando mella en las rodillas, recordándonos la dureza de la montaña. Finalmente, enlazamos con el punto de inicio a través de un último tramo que coincide con el camino de ida, saboreando ya los recuerdos de la jornada.

En definitiva, se trata de una ruta de dificultad media, con un total de once kilómetros de marcha que combinan ascensos pronunciados con sus lógicos y exigentes descensos. ¡Cuán hermosa es esta Extremadura, siempre viva y desbordante de belleza natural!

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