Badajoz y su fortaleza abaluartada (y II)

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7. Baluarte de Santiago.

            El recorrido nos depara información histórica de lo que se consideraba como la cortina de Santiago y de la que hoy no queda absolutamente nada. Efectivamente, durante el asedio que las tropas napoleónicas pusieron a la ciudad en 1811, la artillería francesa situada ya sobre el camino cubierto produjo una gran brecha en la cortina de Santiago, con una extensión aproximada de entre 20 y 30 metros de anchura. Cuando se consideró finalmente practicable -es decir, que las tropas de infantería podían subir con sus armas por la rampa hacia el interior de la plaza- el Mariscal francés Soult intimó la rendición de la ciudad.

          A pesar de los atrincheramientos construidos por los defensores españoles y portugueses en las cercanías de la brecha, la Junta de Jefes de la guarnición aceptó por mayoría la rendición de la plaza sin que fuese necesario el asalto a la brecha por parte francesa. Una vez tomada posesión de la ciudad, el ejército francés reparó la brecha inmediatamente. En la actualidad no queda ningún resto visible de la cortina.

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Lienzo muralla que se derribó para la avenida de Huelva, con edificio de Correos al fondo y Baluarte de Santiago a la izquierda (1930)
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Brecha en la cortina de Santiago para propiciar la avenida de Huelva, en 1936

 

          En el trayecto que continuamos encontramos nuevamente partes de la fortificación salvadas del destrozo urbano, aun cuando no ha podido evitar el maltrato al que continuamente se ha sometido por parte de los responsables de la ciudad. Efectivamente, el concebido como Baluarte de Santiago, en un enclave de los que mayor valor histórico tiene pues durante las obras de rehabilitación se encontró una necrópolis musulmana de los siglos X-XI, con centenares de sepulturas. También se descubría buena parte de la muralla existente con anterioridad a la construcción del baluarte en 1765. Hoy, con la existencia de un parking subterráneo, construido a principios del siglo XXI, únicamente puede observarse los restos de esta muralla, o desde la plaza que se ha instaurado en su parte superior. En unos almacenes del flanco izquierdo se levantó igualmente el Museo del Carnaval de Badajoz.

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Baluarte de Santiago, 1980

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Baluarte de Santiago (2016)

Restos de la antigua muralla que puede divisarse desde la parte superior y en el parking subterráneo

          El Baluarte presenta una forma semicircular en la esquina derecha de sus lienzos de muralla, formando lo que en términos de ingeniería se denomina un “orejón”.

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Esquina semicircular del Baluarte de Santiago (2016)

        En este Baluarte tenía el puesto de mando el General Rafael Menacho, gobernador de la plaza, desde donde dirigía la salida de la guarnición para enfrentarse a las tropas napoleónicas. Y junto al flanco izquierdo del baluarte recibió el disparo de metralla que acabó con su vida el 4 de marzo de 1811. Tras su muerte, el General Imaz entregaría la ciudad, que se mantuvo en poder francés hasta que en 1812 fue tomada por el ejército inglés de Lord Wellington.

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Panel ilustrativo de la batalla en que se hería de muerte al General Rafael Menacho

        En memoria del General Menacho, cuyos restos descansan en el mausoleo del claustro de la Catedral, fue erigido en 1893 un obelisco de mármol con cuatro leones en las esquinas, que se sitúa en la plaza de la parte superior del baluarte.

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Memoria de Menacho, 1920

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Memoria de Menacho (2016)

8. Baluarte de San José.

            Siguiendo el trayecto estamos ante otro corte en la muralla para abrir la avenida de Colón y nuevamente llegamos a otro baluarte, el de San José, construido con unas plataformas defensivas, de 1770, y con las típicas aspilleras que permitían la defensa del baluarte desde las galerías interiores. Muy visibles son las garitas de vigilancia que presiden las esquinas, auténtico símbolo del recinto abaluartado de Badajoz (se conservan dos de las tres garitas), y el cinturón de refuerzo que puede apreciarse en la mitad interior de las paredes. Gran parte de sus fosos se conservan y alojan la única media luna (o luneta) que ha pervivido de todas las que protegían las cortinas que unían los diferentes baluartes. Igualmente pueden advertirse las ocho cañoneras de que dispone.

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  Diversas perspectivas del Baluarte de San José

        Cuando se reformó la fortificación de la ciudad en los años 1772-1777, para reforzar y engrosar los baluartes, se construyeron en este baluarte dos galerías de fusileros o galerías aspilleradas, una en cada flanco. En la actualidad es el único de todo el recinto que conserva las dos galerías de fusileros, aunque una de ellas, la del flanco izquierdo, está casi totalmente enterrada. Este baluarte está ocupado hoy en día por el Cuerpo Nacional de la Policía.

           Por delante del baluarte se conserva un pequeño tramo de camino cubierto que rodeaba toda la fortificación, cuya función era impedir que el enemigo se acercara al foso, siendo por tanto la primera línea de defensa de la plaza.

           En la rehabilitación producida en este tramo se le da un aspecto similar a la estructura que tenía, incluyendo accesos en rampas desde el foso, plazas de armas, traveses o banquetas para la infantería, aunque utilizando materiales distintos a los originales.

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Panel ilustrativo

9. Baluarte de San Vicente.

           Manteniendo la cortina que los une, llegamos al siguiente baluarte, el de San Vicente, de características muy similares a las del anterior, que tiene como peculiaridad (igual que ocurriera en el baluarte de Santiago) el contar con un orejón en el flanco izquierdo, hacia el bello jardín conocido como “Parque Infantil” [ver entrada Badajoz y sus jardines (I)], en el foso comprendido entre este baluarte y el de San José.

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Perspectivas del Baluarte de San Vicente

            Cuenta igualmente con un tambor artillado sobre una poterna construida sobre una vieja puerta de época medieval, que permite la salida desde el interior de la ciudad al foso exterior. Debía servir para el paso de tropas de infantería, pero no de caballería ni carruajes. Originalmente la poterna era un portillo directo en la muralla, pero al recrecerse el baluarte de San Vicente hacia 1776 ese acceso directo quedó como entrada a la galería de los fusileros, por lo que fue necesario realizar una entrada en recodo hacia el flanco del baluarte. En el interior de su portada se conservan los posibles sillares de granito de la antigua puerta medieval de Yelbes, reubicados en esta poterna cuando se desmontó la antigua cerca medieval y se construyó este sector de la muralla abaluartada, a finales del siglo XVII.

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Poterna de San Vicente

           En el flanco orientado hacia el río contaba con cañoneras, igual que en el orejón y sobre la poterna. En momentos posteriores, parte de sus fosos y contraescarpas fueron rellenados para construir una avenida urbana entre los puentes de Palmas y de la Universidad.

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Exteriores hacia el río del Baluarte de San Vicente

10. Semibaluarte de Las Lágrimas.

          Desde el Baluarte de San Vicente y hasta el costado oeste de la Puerta de Palmas se encuentra adosado el Semibaluarte de Las Lágrimas, también denominado de Palmas. Ocupa la zona de la hoy concebida como avenida de Entrepuentes. Consta de un flanco y una cara y una pequeña batería de tres cañoneras que cubrían el camino cubierto que recorría la margen izquierda del río Guadiana en dirección al Baluarte de San Vicente.

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         Semibaluarte de Las Lágrimas o de Palmas

         La parte interior del semibaluarte, en las cercanías de la Puerta de Palmas, se encuentra un pequeño parque, denominado de Las Viudas. Según el historiador local Álvaro Meléndez, este parque recibía ese nombre de Las Viudas porque era un lugar retirado del bullicio de San Francisco que frecuentaban las personas de luto o los mayores.

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 Parque de Las Viudas

 

11. La Puerta de Palmas.

           En este tránsito se llega a uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Badajoz, la Puerta de Palmas, una de las puertas de la muralla que rodeaba la ciudad que fue finalizada en el año 1551, como reza en la inscripción que tiene en su fachada exterior, siendo príncipe Felipe II y emperador Carlos V. En sucesivas etapas, el entorno de la Puerta de Palmas sufrió numerosas remodelaciones en su ordenación y elementos adyacentes (la última en 1960), aunque manteniéndose siempre como punto de acceso fortificado a la ciudad, y más tarde de control a efectos aduaneros y fiscales. Por fortuna, en este día se permite la visita a la zona interior y subir a sus torres.

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Llegada a Puerta Palmas desde el Semibaluarte de Las Lágrimas.

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El interior de una de las torres nos ilustra con una histórica fotografía de Puerta Palmas y una recreación del cobrador aduanero

           El conjunto está integrado por un arco y dos sólidas torres cilíndricas en los extremos, coronadas de almenas, y rodeados en la parte superior y en la base por sendos cordones decorativos. Éstas sirvieron de prisión hasta principios del siglo XIX. La fachada que mira al río se estructura mediante un doble arco de medio punto con casetones, medallones, y otros elementos decorativos de gusto renacentista como el escudo imperial de Carlos V, mientras que por otro lado queda resuelta de forma más compleja, por medio de un cuerpo adosado del que forman parte una terraza y una triple hornacina, posiblemente posteriores a la fábrica original. En el arco contenía una capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, obra de Gaspar Méndez, de estilo renacentista, del año 1535; la imagen que se encuentra aquí hoy en día no es la original, sino una nueva talla del maestro Guillermo Silveira de 1960. La original fue retirada y, más tarde perdida, en 1761.

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Puerta Palmas. Fachada exterior

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Puerta Palmas. Fachada interior.

           Aun cuando -como decimos- la obra se sitúa en 1551 por la fecha inscrita en el friso latino que aparece en su lado exterior, se señala por los historiadores que las dos torres cilíndricas coronadas por merlones y lucidas con un precioso labrado en soga llamado cordón franciscano corresponden al siglo XV, y no sería hasta el siguiente siglo cuando se le diera su aspecto actual. En el siglo XVI se le añadiría el doble arco acasotenado renacentista por su parte exterior, con el escudo de Carlos V en la clave del arco inferior. También de esta época son los dos medallones con los bustos del emperador y de la Reina Juana.

Interior de la Puerta de Palmas

           Durante un tiempo fue conocida como “Puerta Nueva”, hasta que tal denominación pasó a corresponder a otra entrada abierta posteriormente en las proximidades de la Ermita de Pajaritos.

          Pero antes de ello, siguiendo el semibaluarte que se conforma a continuación de la Puerta de Palmas, nos encontramos con otro detalle relevante. En su momento existió el que se denominaba Portillo de Pelambres, que contaba con una torre para su defensa hasta casi finales del siglo XVIII. Tenía como función facilitar el acceso al río y a la cercana fuente de Mafra. Pero la proximidad de las otras dos puertas (la de Palmas y la Nueva o de Carros), provocó que este acceso fuese innecesario, por lo que se cerró con un rastrillo, para servir de desagüe de las aguas pluviales de la cercana calle del Río, actual calle Joaquín Sama. Posteriormente, con la carretera de la carretera de circunvalación, se cegó completamente y quedó enterrada, siendo tan solo visible la parte superior del dintel, hoy a ras de suelo.

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Los únicos restos visibles del Portillo de Pelambres

          La concebida como Puerta Nueva está hoy totalmente desaparecida, y únicamente encontramos un panel ilustrativo que nos refiere a su existencia, conocida también popularmente como de Carros.

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           Llegamos así al final del recinto, con la Puerta de Pajaritos y los restos de murallas que le unen con la Alcazaba, en la Torre del Pendón. Sobre la torre de la primera se edificó, posteriormente la Ermita de Pajaritos. En su momento tenía una altura superior pero los sucesivos rellenos de la carretera de circunvalación le han restado altura.

 

12. Hornabeque o Fortín de la Cabeza del Puente.

         Para conocer todo el entramado de la fortificación hemos de volver nuevamente a la Puerta de Palmas y pasar el concebido popularmente como el puente antiguo de Badajoz, el de Palmas, a fin de conocer las primeras defensas modernas de Badajoz, que se empezaron a construir a partir de 1642. Son el Hornabeque o fortín de la Cabeza del Puente y, un poco más alejado, el Fuerte de San Cristóbal.

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Puente de Palmas

           Tanto uno como otro fueron decisivos durante las guerras con Portugal. En uno de los múltiples asedios que sufrió la ciudad por parte del ejército portugués, el del año 1658, la víspera de San Juan, las tropas portuguesas efectúan un ataque que duró toda una noche, consiguiendo ocupar la cabeza del puente, siendo rechazados por el Tercio de la Armada, aunque a costa de muchas bajas propias, incluidas las del Marqués de Lanzarote (gobernador de Badajoz) y varios de sus capitanes. Las tropas portuguesas retroceden y se agrupan cerca del Vado del Moro, fortificando la zona y poniendo de nuevo sitio a la ciudad.

           El hornabeque comprendía dos semibaluartes con una cortina intermedia, foso y camino cubierto con plazas de armas, glacis y traveses, así como cuerpo de guardia y un cuarto para el oficial. En su flanco derecho aún se conserva la puerta de donde partían los caminos a Campo Maior, Elvas y Alburquerque, también partía el camino cubierto que lo unía con el Fuerte de San Cristóbal. El paso del puente sobre el hornabeque se hizo en 1868 para conectar la ciudad con la estación de ferrocarril. El hornabeque y el fuerte de San Cristóbal estaban comunicados por un camino cubierto hoy desaparecido.

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Grabado Israel Silvestre. Biblioteca Nacional.

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Hornabeque, en imagen de 1930

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Puerta de San Vicente, Fuente de la Rana, Hornabeque cabeza del puente de Palmas

13. Fuerte de San Cristóbal.

          Nos dirigimos ahora, para concluir este paseo por las fortificaciones de Badajoz, hacia el Fuerte de San Cristóbal, que se encuentra situado al otro lado del río, sobre el antiguo cerro y palacio de los Duques de Orinace. Es en este cerro donde Ibn Marwan quiso fundar Badajoz, en el siglo IX, pero el Emir de Córdoba, al ver que se interponía el río se lo negó, mandándole al cerro de enfrente, el de la Muela. Es una magnífica fortaleza exterior de estupenda traza, construida en el siglo XVII durante la Guerra con Portugal (1640-1668) y la primera construcción que se comenzó a realizar de todo el sistema abaluartado. Era capaz de alojar 12 cañones y hasta 300 fusileros, y sus defensas se completaban con otros elementos más avanzados que lo hacían casi imbatible. En esta zona tuvo lugar el 19 de febrero de 1811 la conocida batalla del “Gévora” que aparece reseñada en el Arco del Triunfo de París por su victoria ante las tropas españolas. Hoy, tras los muchos años que estuvo el lugar en el olvido y completamente abandonado, es un lugar para conocer la historia de la ciudad desde su restauración en 2013.

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Imágenes aérea del Fuerte de San Cristóbal, antes (desde 1914) y después de la restauración de 2013

          Tiene forma rectangular, con baluartes y un residente, y las murallas están rodeadas por un foso revestido en piedra. Se pueden realizar tres recorridos. Uno por el foso, otro por el adarve y el tercero por su interior, donde se ubica el centro de interpretación del monumento.

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Una perspectiva del Fuerte con la espectacular imagen de fondo

         En el adarve es sin duda un lugar obligado para pararse el situado frente a la Alcazaba. Es el baluarte del sur. Esta vista es la clave de la construcción, pues nos ayuda a comprender por qué el fuerte se ubica en este sitio y cuál su función, que es la dominación sobre la plaza de Badajoz. De la Alcazaba parte el resto del sistema fortificado. Y es esa la clave de que en los inicios de la guerra se decidiera levantar en este punto un lugar donde colocar los cañones orientados justo al otro lado, frente a Portugal.

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El Fuerte de San Cristóbal desde la Alcazaba

           El baluarte oeste está orientado a Portugal. Este punto se ha aprovechado para recrear una cañonera y un cañón de la época, así como dos de los personajes que podrían estar al cargo de un cañón. Según los documentos de la época, hasta ocho personas podían estar pendientes de este arma. «En su día era muy similar a lo que hoy sería la entrada de un ‘fórmula 1’ en boxes. Cada uno tenía su función y lo hacía en el menor tiempo posible», señala Fernando Fuentes.

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Baluarte del oeste

 

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