Tristeza de amor

         Este sugerente título es el de una bella canción del cantautor Hilario Camacho, que nos dejara un fatídico día del año 2006, y que siempre ha ocupado un sitio en mis preferencias musicales por aquello de que infundía un mensaje sublime sobre lo que es jugar a ganar y volver a perder, en el sentido poético que se desprende de la ambición humana que lleva a perder el amor cuando se basa la vida en la mentira para ganar un mero beneficio particular.

Bajo el tejado de cristal
duermen el odio y la pasión
sueños de Gloria y de poder
calman su gris desolación.

Tristeza de amor: Hilario Camacho

        A mí, aquí y ahora, en unos momentos de reflexión obligada por aquello del “secuestro en casa” que padecemos debido a la angustiosa situación que atraviesa el mundo entero, y mi país en particular, tras la pandemia declarada por ese virus maligno que ha generado la enfermedad Covid-19, me viene a la mente para hacerme ver lo poco que se valoran las cosas que van sucediendo cotidianamente y que ahora, cuando no dispones de ellas, por mínimas que sean, te genera un estado de angustia y, como no, tristeza sublime.

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          La simple caricia del sol y el aire, o el trato con otros es algo nimio en la costumbre de tenerlo de continuo sin sobreesfuerzo alguno, y de añoranza extrema cuando te falta por imperativo de acontecimientos extraños y que hacen que la soledad embargue el paso de las horas, aun cuando no falte alguna compañía. Pero no todos la tienen, y son muchas las almas que ahora mismo cabalgan en una soledad que puede durar más de la cuenta.

bajo la lluvia

        Una soledad que deviene de una dureza extrema cuando esa otra faceta relevante para la humanidad, como es el amor, no puede exteriorizarse o sentirse. Ya lo decía Mahatma Gandhi, “donde hay amor hay vida”, tan cierto como que verlo un tanto relegado conduce a que se exteriorice la tristeza propia de no tenerlo presente con la intensidad deseada.

         Hablar de amor no es hacerlo con la exclusividad de reconocer la faceta romántica que tiene, atribuida a la intensidad emocional de las parejas, los amantes. El amor presenta variables diversas y se ha de utilizar en contextos extensos, propios de los sentimientos íntimos, pasionales y de compromiso del ser humano. Así amor, cariño, afecto, ayuda, atención, atracción y cuidado constituyen –dicen los entendidos en el análisis de estas cuestiones- un bloque ciertamente uniforme. No me cabe la menor duda porque amar es dar y,  para ello, hay muchas formas de hacerlo.

         Traer a colación ahora el amor lo es porque el impedimento de mantener relaciones con otros humanos implica que limitemos nuestra capacidad de amar y ser amados. De añoranza que se agudiza con el paso de los días. Por los familiares más íntimos, hermanos, hijos, nietos, y otros congéneres a los que únicamente podemos (y debemos) acercamos por la voz mediática de la tecnología; o por los amigos, alejados de la relación estrecha que comportaba un sentimiento profundo de vivencias permanentes. En definitiva, estamos ante la necesidad de considerar al amor como algo constreñido a la solidaridad. Y esta última implica ahora alejamiento, contravención de lo que pide el amor, aunque a veces, para sentir y dar el amor que se tiene no queda otra opción que mantenerlo en la lejanía.

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         Esta es, sin duda, la prueba más contundente a la que nos enfrentamos con el aislamiento, dicho sea sin obviar lo principal, que es la salud que muchos la ven perdida y otros no sabemos cómo podrá tratarnos en esta brecha de tiempo donde el enemigo número uno es invisible; una dificultad que hace que no sepamos dónde, cómo y cuándo puede atacar.

          Tristeza de amor, sí. Aunque solidarios de convencimiento y dispuestos a luchar y apoyar las medidas que nos digan como necesarias. Pero no por ello puede evitarse la emoción interna por no poder acercarnos a los que se quiere, para darles y recibir el amor que se necesita. Algo que -no me cabe la menor duda- es sentido por todos los que, hace bien poco tiempo, no podíamos ni tan siquiera imaginar mínimamente que podía llegar al extremo de lo que venimos padeciendo. Fuera de los casos extremos de guerras impúdicas de índole bélica, no encuentro persona alguna que reconozca tener una vivencia como ésta, que se dice terminará pero no sabemos cuándo ni lo que se llevará por medio.

young man with a world globe in his hands

        Únicamente se nos permite sacar a flote el amor que nos permita mostrar lo solidario que somos. Para unir fuerzas contra el enemigo invisible. Una nueva faceta que no deja de ser relevante. Para seguir en la lucha. Porque como dijera Albert Einstein, “todos tenemos dos elecciones: estar llenos de miedo o llenos de amor”. Habrá que entenderlo así.

4 comentarios en “Tristeza de amor

  1. Luis-V. Pinheiro

    Probablemente esta situación durará más de lo que la autoridad competente delegada nos informe. Aún así, precisamente, con más motivo, hay que ser fuertes y sobrellevar el confinamiento. Mucha paciencia al probable lector de este blog. Cada día es una prueba de capacitación que hay que superar. Mucha fuerza y mucha salud mental. Lo superaremos.

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  2. Luis-V. Pinheiro

    Desde aquí mi más sincero recuerdo a nuestros padres y abuelos. Ellos tuvieron que hacer frente a una situación mucho más desagradable que la que afrontamos en estos momentos, y no por eso dejaron de afrontarla. Recordemos sus esfuerzos y padecimientos y sirvannos de ejemplo a seguir. Mucha fuerza probable lector. Mucha fuerza autor.

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