El temor al folio en blanco

Cuando afrontamos el propósito de manchar ese folio en blanco que tengamos a nuestro alcance para depositar en él parte de lo que pensamos, exteriorizando lo que queremos decir, estamos realmente haciendo un acto de valentía en tanto que supone de riesgo al ser conocidos por los hipotéticos lectores que, como es obvio, tienen la posibilidad y legítimo derecho a criticar o valorar conforme al entender de cada uno suponga la lectura. Es por eso que esa mente perversa que siempre gusta de estar en zona de confort, de comodidad y poco riesgo, intenta impedir que se den los pasos necesarios para emprender la que podríamos calificar como una apasionante aventura.

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Practicar deporte por afición o imposición

El título que precede puede llamar la atención por aquello de que existe una casi generalizada aceptación de concebir la práctica deportiva como muy vinculada al ocio, al placentero deseo de las personas de ocupar momentos para la diversión, para mejorar el estado físico y para “limpiar” la mente de las dificultades que presenta el ajetreo cotidiano. Incluso a los deportistas profesionales los concebimos como personas que disfrutan por realizar una actividad que parece placentera, independientemente de lo remunerado que pueda estar la práctica que realicen; vamos que puede pensarse en el chollo que supone divertirse para generar un espectáculo y ser remunerado por ello, aunque lo que conlleva esta imagen de sacrificio y esfuerzo pasa un tanto desapercibida.

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La paz interior

El ajetreo de la sociedad actual y las circunstancias que concurren en cada persona lleva, a veces, a sentir un cierto desasosiego interno que impide ser como deseas y caminar con la rectitud que se precisa, si no para alcanzar la plenitud de la felicidad sí para conseguir una cierta armonía en el estado emocional como para no ir dando pasos llenos de insatisfacción y sintiendo eso que algunos llaman «ruidos interiores», tan persistentes como para hacer padecer al que los tiene.

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El trance hacia la transformación de la conducta

Si hay algo tan arraigado al paso del tiempo es que nos hace experimentar transformaciones en nuestras personas, y lo digo no solo en el aspecto físico que, evidentemente, es algo natural, propio del envejecimiento al que nos sometemos sin solución de continuidad. Es quizá en el aspecto psíquico, mental, en el que sin darnos cuenta vamos dando pasos que sin preverlos o poderlos dominar, nos hacen cambiar, modificar el comportamiento, nuestra conducta, hasta el punto que si paramos para pensarlo podemos sorprendernos al encontrar que somos una persona muy distinta a la que considerábamos o hacía la que se dirigía nuestra perspectiva mundana.

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Cada cual a lo suyo

Resulta consustancial a la vida que nos haga parecer como seres inmutables al paso del tiempo y que consideremos estar aquí más allá del marcado para nuestra existencia física. La cuestión es que vivimos envueltos en ese dinamismo que lleva a perder mucho tiempo en cosas triviales para hacerlo irrecuperable cuando dejamos de dormitar despiertos.

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La voz de la ciudadanía

Si hay algo que mide el estado de cuanto sucede es la opinión que muestren los ciudadanos, con el ferviente deseo de ser escuchados para que se reaccione desde aquellas posiciones altaneras que dilucidan el camino que se sigue -o debe seguir- el pueblo llano. Esa es, quizá, la mejor encuesta que se hace en tanto no sea provocada por los que tergiversan las realidades por intereses espurios de todo tipo. Y debería ser, sin duda alguna, la base misma de la libertad democrática. Una evidencia popular de ciudadanía ética que, como vaticinara en su momento el escritor Víctor Corcoba, esté alejada de los simples dispensadores de política.

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Tocar fondo

Resulta admirable ver a esas personas que envueltas de una autoestima considerable caminan por la vida con el entusiasmo necesario para que la felicidad irradie en sus movimientos. Y no es porque hayan dejado esas cruces que cada ser viviente lleva a cuestas, porque la vida sonríe por etapas cuando no se ve cubierta por los nubarrones que acechan inesperadamente. Son así por la sencilla razón de que su positivismo aflora por doquier. Por su carácter. El caso es que este tipo de personas transmiten la vitamina necesaria para que los afortunados que se les acerquen salgan fortalecidos en su ánimo y actitud. Diferentes muy mucho de otros que, sin aparente justificación o con ella ínsita en lo recóndito de su ser, van incordiando hasta convertirse en personas tóxicas que contagian cuanto encuentren en su camino.

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La regresión de la separación de poderes

El devenir de los tiempos es un claro exponente de la evolución de la sociedad, tanto como para que el progreso se convierta en el resultado cierto de un caminar en la lógica de la vida. Estamos acostumbrados por ello a que día a día se descubran o aparezcan elementos o situaciones tan llamativas como para que se nos vengan a la mente nuestros antepasados y exponer el asombro que recibirían “si levantaran la cabeza” en estos instantes.

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